jueves, 18 de noviembre de 2010

Arenas movedizas

En mis libros de texto del colegio había unas páginas dedicadas al entonces denominado “Sáhara español”. Fue español hasta que en 1976, de forma unilateral y vergonzosa, España abandonó la soberanía sobre aquellas tierras. Desde entonces y hasta que no se resuelva definitivamente sobre la soberanía del “Sahara Occidental”, España es su administradora oficial.

Hechas las presentaciones se preguntarán, igual que yo, cómo es posible que este territorio resulte gravemente agredido, por no decir invadido, y nuestras autoridades, los máximos responsables de nuestro gobierno, empezando por  Rodríguez Zapatero y la nueva Ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, hasta el momento en que escribo estas líneas, no hayan movido una ceja, ni realizado la menor crítica hacia el país agresor, Marruecos, limitándose a “lamentar” lo sucedido.

Ya se habla de decenas de muertos y miles de afectados, heridos y detenidos. Las pocas imágenes que han llegado a las televisiones muestran el asalto por la fuerza a un campamento saharaui y el posterior estado de sitio a la ciudad de El Aaiun, con la población amedrentada en el interior de sus edificios y los continuos incendios de vehículos y viviendas.

Pero lo que resulta todavía más inexplicable e injustificable es que nuestro gobierno, preso de su política de buen rollito con Marruecos cueste lo que cueste, o como le gusta repetir a Zapatero, “como sea”, sólo llamen  a la calma, pidan prudencia, o dicho de la forma más clara que puedo y sin perder la compostura, miren para otro lado.

Lugo, igual que otras ciudades de España, ha demostrado su solidaridad y su cariño en repetidas ocasiones con los más jóvenes de aquellas tierras. Y lo ha hecho acogiendo entre muchas familias lucenses a niños saharauis para que pasen todos los años unas semanas en nuestra provincia, disfrutando entre nosotros.

Frente a esta actitud, nuestro gobierno calla, olvida los compromisos que España tiene con el Sáhara, traiciona a sus gentes y nos deja en una posición de absoluta debilidad ante la estrategia invasora y belicista del monarca Alauí, que todavía no renuncia a territorios algo más próximos en la distancia como Ceuta y Melilla, y que desde esta semana ven debilitada su seguridad y españolidad por la actitud de quienes siempre acaban mirando para el lado contrario a donde está el problema.

Estoy seguro que las arenas de aquel desierto acabaran por convertirse en arenas movedizas y terminarán por engullir a los que hoy las traicionan, a los que mientras allí se derrama la sangre de ciudadanos españoles y saharauis, prefieren criticar las palabras del Papa en España a condenar los actos belicistas de Marruecos. Y si no se los tragan estas arenas movedizas lo harán las urnas, serán las que pondrán punto y final a este esperpéntico gobierno.

 

Areas movedizas

Nos meus libros de texto do colexio había unhas páxinas dedicadas ao entón denominado “Sahara español”. Foi español ata que en 1976, de forma unilateral e vergoñosa, España abandonou a soberanía sobre aquelas terras. Desde entón e ata que non se resolva definitivamente sobre a soberanía do “Sahara Occidental”, España é a súa administradora oficial.

Feitas as presentacións preguntaranse, igual que eu, como é posible que este territorio resulte gravemente agredido, por non dicir invadido, e as nosas autoridades, os máximos responsables do noso goberno, empezando por Rodríguez Zapatero e a nova Ministra de Exteriores, Trindade Jiménez, ata o momento en que escribo estas liñas, non movan unha cella, nin realizado a menor crítica cara ao país agresor, Marrocos, limitándose a “lamentar” o sucedido.

Xa se fala de decenas de mortos e miles de afectados, feridos e detidos. As poucas imaxes que chegaron ás televisións mostran o asalto pola forza a un campamento saharauí e o posterior estado de sitio á cidade do Aaiun, coa poboación amedrentada no interior dos seus edificios e os continuos incendios de vehículos e vivendas.

Pero o que resulta aínda máis inexplicable e inxustificable é que o noso goberno, preso da súa política de bo rolo con Marrocos custe o que custe, ou como lle gusta repetir a Zapatero, “como sexa”, só chamen á calma, pidan prudencia, ou dito da forma máis clara que podo e sen perder a compostura, miren para outro lado.

Lugo, igual que outras cidades de España, demostrou a súa solidariedade e o seu agarimo en repetidas ocasións cos máis novos daquelas terras. E fíxoo acollendo entre moitas familias lucenses a nenos saharauís para que pasen todos os anos unhas semanas na nosa provincia, gozando entre nós.

Fronte a esta actitude, o noso goberno cala, esquece os compromisos que España ten co Sahara, traizoa ás súas xentes e déixanos nunha posición de absoluta debilidade ante a estratexia invasora e belicista do monarca Alauí, que aínda non renuncia a territorios algo máis próximos na distancia como Ceuta e Melilla, e que desde esta semana ven debilitada a súa seguridade e españolidad pola actitude de quen sempre acaban mirando para o lado contrario onde está o problema.

Estou seguro que as areas daquel deserto acabasen por converterse en areas movedizas e terminarán por engulir aos que hoxe as traizoan, aos que mentres alí se derrama o sangue de cidadáns españois e saharauís, prefiren criticar as palabras do Papa en España a condenar os actos belicistas de Marrocos. E se non llos tragan estas areas movedizas farano as urnas, serán as que porán punto e final a este esperpéntico goberno.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Bienestar y Pobreza

Según Zapatero los españoles viven ahora mejor que en el 2004, cuando el PP dejó el Gobierno. Mariano Rajoy, datos oficiales en mano, le reprochó que no se puede hablar alegremente de bienestar cuando “tres de cada diez españoles llegan a fin de mes con dificultad o mucha dificultad, el 21% de la población residente en España está por debajo del umbral de la pobreza, el porcentaje de hogares españoles que no pueden pasar fuera de casa al menos una semana al año es del 40%, y  los ingresos medios anuales de los hogares españoles han disminuido un 3% desde el año pasado”.

Mientras se producía este cara a cara entre Rajoy y Zapatero los españoles conocíamos la memoria de Caritas correspondiente al año 2009. Durante al año pasado 800.000 personas buscaron ayuda y recibían de esta organización comida y otros artículos básicos y necesarios. Esta alarmante situación hizo que su secretario general hablase de un auténtico “estallido de la pobreza” en España.

800.000 pobres, sin paliativos. Personas que no pueden cubrir sus necesidades básicas para llegar a fin de mes. Esta cifra es casi el doble que la de hace 2 años. Estas escalofriantes cifras no necesitan del oropel de los discursos para convencer de lo que es la  pobreza en España.

Me gusta mucho caminar y lo hago siempre que puedo. En las calles de Madrid y Lugo, mis itinerarios obligados, siempre vi personas pidiendo limosna y/o buscando algo entre lo que los demás depositamos en los contenedores; también a otras dormir en bancos de la calle  cubiertos con cartones. Pero incluso desde un simple paseo se percibe cómo a esas personas se han ido sumando más y más cada año. Esto ha desbordado a los servicios sociales de comunidades autónomas y ayuntamientos, incapaces de cubrir la demanda de tantos y tantos vecinos; las “cocinas económicas” están exhaustas de trabajo, y los bancos y los contenedores cada día más solicitados. Me sobrecoge comprobar que mis vecinos más cercanos, no del tercer mundo, han pasado de apretarse el cinturón a tener que acudir a la ayuda de familiares, amigos u organizaciones como Cáritas.

En este dramático escenario Cáritas hace una labor impagable, como otras comunidades y organizaciones menos conocidas pero igualmente necesarias, y cuando ellos, que están al pié del cañón, nos hablan de una explosión de pobreza, resultan más hirientes las palabras de quienes, con la responsabilidad enorme de gobernar España, utilizan estadísticas debidamente cocinadas para intentar convencernos de que vivimos mejor que hace 6 años.

Mis apreciaciones callejeras me hacen temer por la próxima memoria de Caritas, la del 2010.

Por una vez me encantaría estar equivocado.

 

Benestar e Pobreza

Segundo Zapatero os españois viven agora mellor que no 2004, cando o PP deixou o Goberno. Mariano Rajoy, datos oficiais en man, reprochoulle que non se pode falar alegremente de benestar cando “tres de cada dez españois chegan a fin de mes con dificultade ou moita dificultade, o 21% da poboación residente en España está por baixo do limiar da pobreza, a porcentaxe de fogares españois que non poden pasar fóra de casa polo menos unha semana ao ano é do 40%, e os ingresos medios anuais dos fogares españois diminuíron un 3% desde o ano pasado”.

Mentres se producía este cara a cara entre Rajoy e Zapatero os españois coñeciamos a memoria de Caritas correspondente ao ano 2009. Durante ao ano pasado 800.000 persoas buscaron axuda e recibían desta organización comida e outros artigos básicos e necesarios. Esta alarmante situación fixo que o seu secretario xeral falase dun auténtico “estalido da pobreza” en España.

800.000 pobres, sen paliativos. Persoas que non poden cubrir as súas necesidades básicas para chegar a fin de mes. Esta cifra é case o dobre que a de fai 2 anos. Estas arrepiante cifras non necesitan do oropel dos discursos para convencer do que é a pobreza en España.

Gústame moito camiñar e fágoo sempre que podo. Nas rúas de Madrid e Lugo, os meus itinerarios obrigados, sempre vin persoas pedindo esmola e/ou buscando algo entre o que os demais depositamos nos colectores; tamén a outras durmir en bancos da rúa cubertos con cartóns. Pero ata desde un simple paseo percíbese como a esas persoas fóronse sumando máis e máis cada ano. Isto desbordou aos servizos sociais de comunidades autónomas e concellos, incapaces de cubrir a demanda de tantos e tantos veciños; as “cociñas económicas” están exhaustas de traballo, e os bancos e os colectores cada día máis solicitados. Me sobrecoge comprobar que os meus veciños máis próximos, non do terceiro mundo, pasaron de apertarse o cinto a ter que acudir á axuda de familiares, amigos ou organizacións como Cáritas.

Neste dramático escenario Cáritas fai un labor impagable, como outras comunidades e organizacións menos coñecidas pero igualmente necesarias, e cando eles, que están ao pié do canón, fálannos dunha explosión de pobreza, resultan máis ferintes as palabras de quen, coa responsabilidade enorme de gobernar España, utilizan estatísticas debidamente cociñadas para intentar convencernos de que vivimos mellor que fai 6 anos.

As miñas apreciacións rueiras fanme temer pola próxima memoria de Caritas, a do 2010.

Por unha vez encantaríame estar equivocado.

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