miércoles, 22 de febrero de 2012

Pensar las cosas

Como muchos militantes y simpatizantes del PP, este último fin de semana he tenido la oportunidad de participar en un nuevo Congreso de mi Partido.

En Sevilla escuché a un hombre sereno y tranquilo que se presentaba ante sus afiliados e invitados en circunstancias muy difíciles para España y pocas semanas después de haber conseguido un importante e histórico triunfo electoral.

A pesar de ello, ni un atisbo de prepotencia ni de euforia asomaba en sus palabras o en su rostro. Nos recordaba lo que algunos piensas de él, como elogio o como crítica, que de todo hay. Que es un hombre previsible, que piensa las cosas y que maneja los tiempos.

Desgranando estas características de su personalidad, tenía razón Rajoy al decir que se tomaba como un elogio político lo de ser previsible, y lo decía porque ello implica que con él es fácil saber a que atenerse. Lástima que esta característica no fuera con otros gobernantes que recientemente han abandonado la Moncloa, porque nos hubiésemos evitado muchos bandazos en las decisiones que un día sí y otro también llevaron a nuestro país por rumbos erráticos y poco favorables.

Pero más razón todavía tenía Mariano Rajoy cuando reflexionaba a cerca de a qué   extremos habremos llegado en España para que pueda llamar la atención que un político, especialmente aquel que tiene enormes responsabilidades, tenga como una característica de su personalidad la de “pensar las cosas”. Estuvo acertado al decirnos que no temiéramos, que con él las cosas no se hacen sin pensar.

Reflexionando algo más sobre este acertado comentario, uno entiende que esto pueda llamar la atención, pues hemos vivido los últimos años gobernados por políticos que más bien parecían no pensar sus propuestas o decisiones, bien por su constante manía de improvisar, bien por hacerlo al dictado de ocurrencias o bien porque las decisiones que tomaron desde luego no necesitaban de mucha pensada previa, simple y llanamente porque se trataban de disparates sin sentido.

Pero Rajoy añadió algo más a estos rasgos de personalidad, algo que los demás no dicen de él, como su preocupación por seleccionar adecuadamente las prioridades, lejos de presiones, al margen de lo que interesa a los medios de comunicación o del que dirán. Solamente pensando en las necesidades de las personas y la gravedad de los problemas Eso es lo único que me interesa, sentenció.

Inevitablemente vuelven a surgir las comparaciones. ¿De verdad puede alguien pensar que en los últimos ocho años y desde el Gobierno se eligieron bien las prioridades? ¿Creen ustedes que la alianza de civilizaciones, la memoria histórica, las listas paritarias y otras muchas cosas que todos tenemos en la memoria, eran prioritarias con la que estaba cayendo?

Por eso permítanme que me quede con gobernantes previsibles y que piensan las cosas. Pensar las cosas es lo normal, lo que marca el sentido común.

Pensar as cousas

Como moitos militantes e simpatizantes do PP, este último fin de semana tiven a oportunidade de participar nun novo Congreso do meu Partido.

En Sevilla escoitei a un home sereno e tranquilo que se presentaba ante os seus afiliados e invitados en circunstancias moi difíciles para España e poucas semanas logo de conseguir un importante e histórico triunfo electoral.

A pesar diso, nin un indicio de prepotencia nin de euforia asomaba nas súas palabras ou no seu rostro. Recordábanos o que algúns pensas del, como eloxio ou como crítica, que de todo hai. Que é un home previsible, que pensa as cousas e que manexa os tempos.

Debullando estas características da súa personalidade, tiña razón Rajoy ao dicir que se tomaba como un eloxio político o de ser previsible, e dicíao porque iso implica que con el é fácil saber a que aterse. Mágoa que esta característica non fose con outros gobernantes que recentemente abandonaron a Moncloa, porque nos evitamos moitos bandazos nas decisións que un día si e outro tamén levaron ao noso país por rumbos erráticos e pouco favorables.

Pero máis razón aínda tiña Mariano Rajoy cando reflexionaba a preto da que extremos chegariamos en España para que poida chamar a atención que un político, especialmente aquel que ten enormes responsabilidades, teña como unha característica da súa personalidade a de “pensar as cousas”. Estivo acertado ao dicirnos que non temésemos, que con el as cousas non se fan sen pensar.

Reflexionando algo máis sobre este acertado comentario, un entende que isto poida chamar a atención, pois vivimos os últimos anos gobernados por políticos que máis ben parecían non pensar as súas propostas ou decisións, ben pola súa constante teima de improvisar, ben por facelo ao ditado de ocorrencias ou ben porque as decisións que tomaron desde logo non necesitaban de moita pensada previa, simple e sinxelamente porque se trataban de disparates sen sentido.

Pero Rajoy engadiu algo máis a estes trazos de personalidade, algo que os demais non din del, como a súa preocupación por seleccionar adecuadamente as prioridades, lonxe de presións, á marxe do que interesa aos medios de comunicación ou do que dirán. Soamente pensando nas necesidades das persoas e a gravidade dos problemas Iso é o único que me interesa, sentenciou.

Inevitablemente volven xurdir as comparacións. De verdade pode alguén pensar que nos últimos oito anos e desde o Goberno elixíronse ben as prioridades? Cren vostedes que a alianza de civilizacións, a memoria histórica, as listas paritarias e outras moitas cousas que todos temos na memoria, eran prioritarias coa que estaba caendo?

Por iso permítanme que me quede con gobernantes previsibles e que pensan as cousas. Pensar as cousas é o normal, o que marca o sentido común.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Héroes entre nosotros

Son tantos los titulares y artículos de prensa cuya lectura deja un poso de pesimismo y preocupación que hoy he decidido intentar que mis letras no se sumen a esa ola gigante que invade hasta las tertulias de cotilleo en las televisiones, donde puedes ver a la Belén Esteban de turno opinar sobre la deuda, el déficit, el paro, la prima de riesgo y cualquier otro asunto de calado económico como si de expertos en la materia se tratasen.

Prefiero recoger algo de lo positivo y bueno que la vida nos ofrece y que se refleja en actos heroicos de conciudadanos nuestros, que tenemos al lado y no apreciamos y valoramos hasta que ya no los tenemos. Los héroes anónimos existen, están entre nosotros, pero los medios de comunicación y la sociedad en general sólo los recordamos en momentos de tragedias o desgracias colectivas.

Algunos de estos héroes vienen luchando desde hace tiempo contra la indiferencia del sistema, la precariedad de sus presupuestos, la amortización de sus vacantes. Algunos saben lo que es pagarse de su bolsillo algún utensilio de trabajo.

La mayoría de ellos son grandes profesionales, y además por vocación. Otros porque las precarias condiciones laborales del país les ofrecieron en este trabajo una oportunidad que han aprovechado con esfuerzo y sacrificios.

Son miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad de nuestro Estado, de España. Son también soldados profesionales de nuestros ejércitos.

Sus gestas sólo son conocidas cuando acaban en desgracia, como la que en los últimos días hemos conocido. Los protagonistas, en esta ocasión, han sido tres lucenses de los diferentes rincones de nuestra provincia que ejercían su  destino en la capital herculina y que, de manera voluntaria y ejemplar, decidieron saltar en medio de una noche fría y oscura al interior de unas aguas embravecidas con la intención de salvar a un estudiante irresponsable que también perdió su vida.

Ellos tres en esta ocasión y otros compañeros suyos en otras son el mejor ejemplo de una sociedad en ocasiones enferma y sólo preocupada de los aspectos materiales de nuestras vidas. Son el reflejo de la puesta en práctica de los valores que, o bien les inculcaron en sus modestos hogares, o recibieron en sus periodos de formación disciplinada. Valores y conductas que nos deben recordar y hacer reflexionar en el sentido de que nuestra sociedad cuenta con personas, la mayoría de las veces anónimas, que están para cuidarnos, que permanecen vigilantes ante los peligros que nos acechan, que defienden causas que no están perdidas, que son imprescindibles en todo tiempo.

Nuestra provincia en otros momentos fue noticia por la irresponsable conducta de algunos que no entraré a calificar, pero estos días la actitud ejemplar de nuestro tres héroes, policías nacionales, ha contribuido a recordarnos que también aquí contamos con personas que con su trabajo y sus conductas nos engrandecen a todos y nos estimulan para mejorar cada día.

 

Heroes entre nós

Son tantos os titulares e artigos de prensa cuxa lectura deixa un pouso de pesimismo e preocupación que hoxe decidín intentar que as miñas letras non se somen a esa onda xigante que invade ata os faladoiros de murmuración nas televisións, onde podes ver á Belén Esteban de quenda opinar sobre a débeda, o déficit, o paro, a prima de risco e calquera outro asunto de calado económico coma se de expertos na materia tratásense.

Prefiro recoller algo do positivo e bo que a vida ofrécenos e que se reflicte en actos heroicos de concidadáns nosos, que temos á beira e non apreciamos e valoramos ata que xa non os temos. Os heroes anónimos existen, están entre nós, pero os medios de comunicación e a sociedade en xeral só os recordamos en momentos de traxedias ou desgrazas colectivas.

Algúns destes heroes veñen loitando desde fai tempo contra a indiferenza do sistema, a precariedade dos seus orzamentos, a amortización das súas vacantes. Algúns saben o que é pagarse do seu peto algún utensilio de traballo.

A maioría deles son grandes profesionais, e ademais por vocación. Outros porque as precarias condicións laborais do país ofrecéronlles neste traballo unha oportunidade que aproveitaron con esforzo e sacrificios.

Son membros das forzas e corpos de seguridade do noso Estado, de España. Son tamén soldados profesionais dos nosos exércitos.

Os seus xestas só son coñecidas cando acaban en desgraza, como a que nos últimos días coñecemos. Os protagonistas, nesta ocasión, foron tres lucenses dos diferentes recunchos da nosa provincia que exercían o seu destino na capital herculina e que, de xeito voluntario e exemplar, decidiron saltar no medio dunha noite fría e escura ao interior dunhas augas embravecidas coa intención de salvar a un estudante irresponsable que tamén perdeu a súa vida.

Eles tres nesta ocasión e outros compañeiros seus noutras son o mellor exemplo dunha sociedade en ocasións enferma e só preocupada dos aspectos materiais das nosas vidas. Son o reflexo da posta en práctica dos valores que, ou ben lles inculcaron nos seus modestos fogares, ou recibiron nos seus períodos de formación disciplinada. Valores e condutas que nos deben recordar e facer reflexionar no sentido de que a nosa sociedade conta con persoas, a maioría das veces anónimas, que están para coidarnos, que permanecen vixiantes ante os perigos que nos axexan, que defenden causas que non están perdidas, que son imprescindibles en todo tempo.

A nosa provincia noutros momentos foi noticia pola irresponsable conduta dalgúns que non entrarei a cualificar, pero estes días a actitude exemplar do noso tres heroes, policías nacionais, contribuíu a recordarnos que tamén aquí contamos con persoas que co seu traballo e as súas condutas nos engrandecen a todos e estimúlannos para mellorar cada día.

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