miércoles, 21 de agosto de 2013

Al volante

Estamos en verano, muchos de vacaciones y las noticias sobre accidentes en operaciones de salida y regreso son actualidad. Reflexionando sobre estos temas aparcamos los problemas que han ocupado artículos anteriores. Hago muchos kilómetros al cabo del año y de ellos y las horas al volante, algunas lecciones he aprendido.

Siempre me gustó conducir y tengo a mis espaldas más de un millón de kilómetros. Pero también, y lo digo con absoluta seguridad, en poco se parecen las formas de conducción y de comportamiento de los años en que empezaba a conducir a los tiempos actuales. Sin entrar en las diferencias relacionadas con la evolución de las mecánicas y de la seguridad de los vehículos, ni tampoco de las características de las carreteras, hay algunos comportamientos actuales que me gustaría comentar.

Hoy es habitual que la mayoría de los vehículos que circulan por autovías y autopistas lo hagan a velocidades entorno a los 120 Km/h. También lo es que muchos conductores utilicemos los dispositivos de velocidad de crucero programada para no pasarnos de estos límites, siempre en condiciones de poca intensidad de tráfico. Pues bien, llama mucho la atención que cuando nos acercamos poco a poco a un vehículo e iniciamos la maniobra de adelantamiento, éste comienza a aumentar su velocidad, obligándonos a incrementar más la nuestra con el riesgo de rebasar los límites legales o a desistir de la maniobra y volver al carril derecho. ¿Será un acto reflejo o un comportamiento de la personalidad de muchos conductores?

También podemos preguntarnos por qué en las vías con tres o más carriles, especialmente en las entradas y salidas de las grandes ciudades, los carriles derechos están casi vacíos, por qué la mayoría de conductores ocupan los centrales o los situados a la izquierda, con el consiguiente peligro para la circulación.

Finalmente, y sólo por falta de espacio, recordar a todos aquellos que realizan conducción temeraria, se pegan a ti enviándote un mensaje de que apures o te empujo, adelantan por la derecha, o se cierran delante tuya una vez que te han rebasado, como queriéndote decir, mira que coche tengo o algo parecido.

Para mí todas estas y otras conductas similares al volante son propias de falta de educación vial y también de la otra, poca madurez, pero sobre todo irresponsabilidad y desdoblamiento de la personalidad en cuanto nos ponemos al volante.

Las campañas de concienciación de Tráfico son necesarias y han dado buenos resultados, pero posiblemente serían necesarias otras que pusieran en evidencia estas conductas. Seguramente si nos viésemos reflejados en un spot televisivo, seríamos capaces de identificarnos en alguna de estas situaciones y por consecuencia ruborizarnos de lo que consciente o inconscientemente hacemos con demasiada frecuencia. 

Al volante las tonterías se pagan, muchas veces con la propia vida, pero también con la de los demás. Mejorando el respeto y la educación en las carreteras también mejoramos nuestra sociedad.


Ao volante


Estamos no verán, moitos de vacacións e as noticias sobre accidentes en operacións saída e regreso son actualidade. Reflexionando sobre estes temas aparcamos os problemas que ocuparon artigos anteriores. Fago moitos quilómetros ao cabo do ano e deles e as horas ao volante, algunhas leccións apresas.

Sempre me gustou conducir e teño ás miñas costas mais dun millón de quilómetros. Pero tamén, e dígoo con absoluta seguridade, en pouco se parecen as formas de condución e de comportamento dos anos en que empezaba a conducir aos tempos actuais. Sen entrar nas diferenzas relacionadas coa evolución das mecánicas e da seguridade dos vehículos, nin tampouco das características das estradas, hai algúns comportamentos actuais que me gustaría comentar.

Hoxe é habitual que a maioría dos vehículos que circulan por autovías e autopistas fágano a velocidades contorna aos 120 Km./h. Tamén o é que moitos condutores utilicemos os dispositivos de velocidade de cruceiro programada para non pasarnos destes limites, sempre en condicións de pouca intensidade de tráfico. Pois ben, chama moito a atención que cando nos achegamos aos poucos a un vehículo e iniciamos a manobra de adiantamento, este comeza a aumentar a súa velocidade, obrigándonos a incrementar máis a nosa co risco de pasar os límites legais ou a desistir da manobra e volver ao carril dereito. Será un acto reflexo ou un comportamento da personalidade de moitos condutores?

Tamén podemos preguntarnos por que nas vías con tres ou mais carrís, especialmente nas entradas e saídas das grandes cidades, os car carrís dereitos están case baleiros, por que a maioría de condutores ocupan os centrais ou os situados á esquerda, co conseguinte perigo para a circulación.

Finalmente, e só por falta de espazo, recordar a todos aqueles que realizan condución temeraria, péganse a ti enviándoche unha mensaxe de que apures ou che empuxo, adiantan pola dereita, ou se pechan diante túa unha vez que che pasaron, como queréndoche dicir, mira que coche teño ou algo parecido.

Para min todas estas e outras condutas similares ao volante son propias de falta de educación vial e tamén da outra, pouca madurez, pero sobre todo irresponsabilidade e desdobramento da personalidade en canto nos poñemos ao volante.

As campañas de concienciación de Tráfico son necesarias e deron bos resultados, pero posiblemente serían necesarias outras que puxesen en evidencia estas condutas. Seguramente se nos vísemos reflectidos nun spot televisivo, seriamos capaces de identificarnos nalgunha destas situacións e a consecuencia ruborizarnos do que consciente ou inconscientemente facemos con demasiada frecuencia. 

Ao volante as tonterías páganse, moitas veces coa propia vida, pero tamén coa dos demais. Mellorando o respecto e a educación nas estradas tamén melloramos a nosa sociedade.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Así lo vi

Terminada la comparecencia del Presidente del Gobierno ante la representación de la soberanía popular, se producían las primeras reacciones. Para quien no lo siguió en directo es evidente que la opinión que se pudo formar dependerá en gran medida del medio de comunicación en el que tratara de ilustrarse. Los enfoques y puntos de vista fueron muy dispares.

Yo así lo vi. De todas las intervenciones que he tenido la oportunidad de escucharle a Rajoy, la del pasado día 1 fue sin duda la mejor, podría calificarse de maestra.

Rajoy argumentó y construyó su discurso en torno a la defensa de la razón, el Estado de Derecho que tenemos y la calidad de nuestra democracia.

Para muchos de los que sólo aspiran a cobrarse la cabeza del presidente, las explicaciones que éste pudiera dar eran lo de menos, porque lo único que le pedían era que se declarara culpable, sólo por el hecho de que algunos ya han decidido que lo es. Son personas que parecen saberlo y conocerlo todo de la vida de los demás, y cuando lo que les explican no coincide con lo que ellos piensan, con su versión, nada les vale. Únicamente la dimisión del presidente. A ellos Rajoy les dijo con meridiana claridad, que no se iba a declarar culpable porque no lo es, porque siempre ha cumplido sus obligaciones con Hacienda, porque nunca ha actuado contra la ética, porque no ha vulnerado el funcionamiento del Estado de Derecho como Presidente del Gobierno, porque no vino a la política a enriquecerse ya que tiene profesión y porque, y para mi muy importante, se considera una persona recta y honrada.

Deberíamos reconocer que en el momento actual, aunque puede que como en muchas otras ocasiones de nuestra historia, en España somos muy dados a creer a pies juntillas y de manera inmediata a quien lanza una acusación. Al que imputa le damos la razón y no se discute la denuncia. A los políticos de manera especial se les aplica el principio de culpabilidad y no el de presunción de inocencia, recordó Rajoy. Y añadía que en nuestra democracia la carga de la prueba corresponde al que acusa y nunca a su víctima.

Pero con ser suficientemente serio lo comentado, me pareció todavía más importante todo lo que se dijo sobre la utilización fraudulenta de los instrumentos que nos otorga nuestra Constitución, como el de la moción de censura. Con las especulaciones que esté utilizando el partido socialista en este terreno, Rajoy no pudo ser más claro. A ellos les preguntó por qué siembran incertidumbres dentro y fuera de España, por qué alientan la sospecha de la inestabilidad, por qué sabotean la confianza que nos ganamos en los mercados. Cuestiones muy serias que no admiten ligerezas, que no deberían entender de intereses partidistas. Y digo deberían, por que desgraciadamente a muchos les importa más su rentabilidad política personal que la estabilidad de su país.

Yo vi a un hombre recto frente a muchos oportunistas, pero sobre todo vi a un gobernante que pelea a diario, y su comparecencia fue otra prueba, para que los españoles confíen en que la política es limpia y honesta. Y en esa tarea muchos estaremos a su lado.


Así o vin

erminada a comparecencia do Presidente do Goberno ante a representación da soberanía popular, producíanse as primeiras reaccións. Para quen non o seguiu en directo é evidente que a opinión que se puido formar dependerá en gran medida do medio de comunicación no que tratase de ilustrarse. Os enfoques e puntos de vista foron moi dispares.

Eu así o vin. De todas as intervencións que hei ter a oportunidade de escoitarlle a Rajoy, a do pasado día 1 foi sen dúbida a mellor, podería cualificarse de mestra.

Rajoy argumentou e construíu o seu discurso en torno á defensa da razón, o Estado de Dereito que temos e a calidade da nosa democracia.

Para moitos dos que só aspiran a cobrarse a cabeza do presidente, as explicacións que este puidese dar eran o de menos, porque o único que lle pedían era que se declarase culpable, só polo feito de que algúns xa decidiron que o é. Son persoas que parecen sabelo e coñecelo todo da vida dos demais, e cando o que lles explican non coincide co que eles pensan, coa súa versión, nada lles vale. Unicamente a dimisión do presidente. A eles Rajoy díxolles con meridiana claridade, que non se ía a declarar culpable porque non o é, porque sempre cumpriu as súas obrigacións con Facenda, porque nunca actuou contra a ética, porque non vulnerou o funcionamento do Estado de Dereito como Presidente do Goberno, porque non veu á política a enriquecerse xa que ten profesión e porque, e para a miña moi importante, considérase unha persoa recta e honrada.

Deberiamos recoñecer que no momento actual, aínda que poida que como en moitas outras ocasións da nosa historia, en España somos moi dados a crer cos ollos pechados e de xeito inmediato a quen lanza unha acusación. Ao que imputa dámoslle a razón e non se discute a denuncia. Aos políticos de xeito especial aplícaselles o principio de culpabilidade e non o de presunción de inocencia, recordou Rajoy. E engadía que na nosa democracia a carga da proba corresponde ao que acusa e nunca á súa vítima.

Pero con ser suficientemente serio o comentado, pareceume aínda máis importante todo o que se dixo sobre a utilización fraudulenta dos instrumentos que nos outorga a nosa Constitución, como o da moción de censura. Coas especulacións que estea utilizando o partido socialista neste terreo, Rajoy non puido ser máis claro. A eles preguntoulles por que sementan incertezas dentro e fóra de España, por que alentan a sospeita da inestabilidade, por que sabotean a confianza que nos gañamos nos mercados. Cuestións moi serias que non admiten lixeirezas, que non deberían entender de intereses partidistas. E digo deberían, por que desgraciadamente a moitos lles importan máis as súas rendas políticas persoais que a estabilidade do seu país.

Eu vin a un home recto fronte a moitos oportunistas, pero sobre todo vin a un gobernante que pelexa a diario, e o seu comparecencia foi outra proba, para que os españois confíen en que a política é limpa e honesta. E nesa tarefa moitos estaremos ao seu lado.
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