miércoles, 24 de septiembre de 2014

Desafíos separatistas

Me había prometido a mí mismo y a todos ustedes, queridos y pacientes lectores de mis artículos, no volver a ocuparme de este asunto, pero los recientes acontecimientos ocurridos en Escocia y las posteriores reacciones me obligan a volver al tema.

Si algo ha conseguido la experiencia de Escocia es abrir una grieta social que auguro que durará muchos años hasta cerrarse, si llega a hacerlo. En nuestro país los graves problemas sociales, el enorme abismo que podría producirse entre los propios catalanes, y entre ellos y el resto de españoles, sería todavía mayor. Y todo gracias a la enorme irresponsabilidad de algún iluminado.

Aunque lo ocurrido en Escocia poco tiene que ver con lo que algunos pretenden llevar adelante en Cataluña, puede que todavía sean muchos los que piensen lo contrario. Son muchas las diferencias entre el escenario escocés y el catalán, muchas. Sociológicas, geográficas, históricas, pero sobre todo jurídicas y legales.

También lo son las diferentes maneras de reaccionar por parte de los ciudadanos de uno y otro territorio, ya que si en Escocia los partidarios del Sí y del No han mantenido un debate templado, es probable que la intensidad dialéctica entre Barcelona y Madrid alcance en los próximos días un mayor voltaje. Los escoceses ya demostraron que pese a sus divisiones son una nación, y nosotros todavía no.

Mientras en Escocia los laboristas, de ideología similar a nuestros socialistas rechazaron la independencia de manera clara, aquí los socialistas apoyan leyes que van hacia la secesión. Cabría añadir la puesta de perfil de su recién elegido secretario general, Pedro Sánchez, tratando de no mojarse y guardar equilibrios imposibles entre las posturas que defienden Rajoy y Artur Mas. Un puro ejercicio de populismo irresponsable, que ejerce dejándose ver y paseándose por todos los platós de TV sin distinción del contenido de sus programas. Mientras tanto los separatistas pretenden derogar leyes o incumplirlas amparándose en lo que ellos llaman “voluntad política”.

Estamos a las puertas de una tempestad que provocará, después de la reciente aprobación por el Parlamento Catalán de la Ley de Consultas, la inminente convocatoria de un referéndum de independencia (cuando escribo estas letras Artur Mas todavía no lo ha firmado). Y esta tempestad sólo puede superarse encarándola con determinación y toda la firmeza al alcance del gobierno español.

Primero vendrán las necesarias medidas adoptadas por el gobierno para garantizar que la legalidad vigente sea respetada por todos y, por tanto, no se lleve a cabo ninguna consulta ilegal. Superado esto, ya habrá nuevos periodos de sensatez y concordia que permitan las reflexiones políticas que faciliten introducir mejoras en nuestras reglas de juego. Pero esto hoy no es prioritario. Frenar y ganar el reto a los desafíos separatistas sí lo es. 


Desafíos separatistas

Prometinme a min mesmo e a todos vostedes, queridos e pacientes lectores dos meus artigos, non volver ocuparme deste asunto, pero os recentes acontecementos ocorridos en Escocia e as posteriores reaccións obríganme a volver ao tema.

Si algo conseguiu a experiencia de Escocia é abrir unha greta social que auguro que durará moitos anos ata pecharse, si chega a facelo. No noso país os graves problemas sociais, o enorme abismo que podería producirse entre os propios cataláns, e entre eles e o resto de españois, sería aínda maior. E todo grazas á enorme irresponsabilidade dalgún iluminado.

Aínda que o ocorrido en Escocia pouco ten que ver co que algúns pretenden levar adiante en Cataluña, poida que aínda sexan moitos os que pensen o contrario. Son moitas as diferenzas entre o escenario escocés e o catalán, moitas. Sociolóxicas, xeográficas, históricas, pero sobre todo xurídicas e legais.

Tamén o son os diferentes xeitos de reaccionar por parte dos cidadáns dun e doutro territorio, xa que se en Escocia os partidarios do Si e do Non mantiveron un debate temperado, é probable que a intensidade dialéctica entre Barcelona e Madrid alcance nos próximos días unha maior voltaxe. Os escoceses xa demostraron que pese ás súas divisións son unha nación, e nós aínda non.

Mentres en Escocia os laboristas, de ideoloxía similar aos nosos socialistas rexeitaron a independencia de xeito claro, aquí os socialistas apoian leis que van cara á secesión. Cabería engadir a posta de perfil do seu recentemente elixido secretario xeral, Pedro Sánchez, tratando de non mollarse e gardar equilibrios imposibles entre as posturas que defenden Rajoy e Artur Mas. Un puro exercicio de populismo irresponsable, que exerce deixándose ver e paseándose por todos os platós de TV sen distinción do contido dos seus programas. Mentres tanto os separatistas pretenden derrogar leis ou incumprilas amparándose no que eles chaman “vontade política”.

Estamos ás portas dunha tempestade que provocará, logo da recente aprobación polo Parlamento Catalán da Lei de Consultas, a inminente convocatoria dun referendo de independencia (cando escribo estas letras Artur Mais aínda non o asinou). E esta tempestade só pode superarse encarándoa con determinación e toda a firmeza ao alcance do goberno español.

Primeiro virán as necesarias medidas adoptadas polo goberno para garantir que a legalidade vixente sexa respectada por todos e, xa que logo, non se leve a cabo ningunha consulta ilegal. Superado isto, xa haberá novos períodos de sensatez e concordia que permitan as reflexións políticas que faciliten introducir melloras nas nosas regras de xogo. Pero isto hoxe non é prioritario. Frear e gañar o reto aos desafíos separatistas si o é.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vuelta a la ¿normalidad?

Regreso de unos días de vacaciones junto al mar gallego y los medios de comunicación ya hablan de la apertura del nuevo curso político y de la vuelta al cole, se acaban las rebajas y aparecen las primeras lluvias de septiembre, tormentas en algunos lugares.

Llegan hasta mis oídos los acordes muy bien afinados de una banda de música, y atraído por la curiosidad me acerco hacia el lugar desde donde provienen estas notas musicales. Me sorprendo al ver que no es nuestra banda municipal, ni tan siquiera la música proviene del templete de nuestra Plaza Mayor. Es la Banda artística de Merza y esta tocando bajo los árboles del Parque de Rosalía de Castro. Apenas hay publico y sus jóvenes y numerosos integrantes recogen los aplausos de los pocos que escuchamos. Mientras en la Plaza Mayor llena de gente, el templete permanece vacío y una carpa con un mercadillo ocupa los jardines. Vuelvo a la normalidad.

Recupero una de mis costumbres caminando unas vueltas diarias por el adarve de nuestra muralla romana, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2000, y dejo atrás el reposo veraniego.

Vuelvo a ver el abandono de muchas de las casas y solares desde la privilegiada atalaya que se ofrece al visitante a izquierda y derecha del monumento. Las bolsas de plástico con excrementos de perros decorando el paseo, los restos del botellón de la noche anterior todavía presentes a pesar de lo avanzado de la mañana dominical. Pintadas, ruinas y la utilización de materiales totalmente prohibidos como medianeras con uralitas plásticas de color verde que nadie parece ver ni sancionar, mientras el celo multando en el aparcamiento ORA crece de manera exponencial en los últimos tiempos. Vuelvo a la normalidad.

En la Ronda de la Muralla y en uno de los tramos con más tráfico rodado veo obras que mantiene cortado algún carril dejando la circulación reducida a sólo uno de ellos, y me pregunto que pasará en un día laborable y con los colegios en periodo lectivo. Falta de previsión, planificación o sentido común. Vuelvo a la normalidad.

Las cifras macroeconómicas parecen que confirman el final de la crisis y la buena dirección de la recuperación. Son datos positivos aunque insuficientes para paliar la sangría de tanto desempleo, especialmente juvenil. A pesar de ello son muchos los que se empeñan en no querer verlo y menos reconocerlo, no vaya a ser que por ello dejen de ser oposición o colaboren en transmitir una buena imagen de España al exterior y al afianzamiento de este gobierno. “Dios nos libre”, pensarán. Vuelvo a la normalidad.

Lo normal, la normalidad que querría, sería que todos velásemos por conservar y potenciar lo mejor que tenemos, que todos nos alegrásemos de que las cosas empiecen a mejorar y dejar de poner zancadillas a cuanto se mueve a nuestro alrededor. Lo normal sería que nos comportásemos como gente normal.


Volta á normalidade?

Regreso duns días de vacacións xunto ao mar galego e os medios de comunicación xa falan da apertura do novo curso político e da volta ao cole, acábanse rebaixas e aparecen as primeiras choivas de setembro, tormentas nalgúns lugares.

Chegan ata os meus oídos os acordes moi ben afinados dunha banda de música, e atraído pola curiosidade achégome cara ao lugar desde onde proveñen estas notas musicais. Sorpréndome ao ver que non é a nosa banda municipal, nin tan sequera a música provén do templete da nosa Praza Maior. É a Banda artística de Merza e esta tocando baixo as árbores do Parque de Rosalía de Castro. Apenas hai publico e os seus mozos e numerosos integrantes recollen os aplausos dos poucos que escoitamos. Mentres na Praza Maior chea de xente, o templete permanece baleiro e unha carpa cun mercadiño ocupa os xardíns. Volvo á normalidade.

Recupero unha das miñas costumes camiñando unhas voltas diarias polo adarve da nosa muralla romana, declarada Patrimonio da Humanidade en 2000, e deixo atrás o repouso estival.

Volvo ver o abandono de moitas das casas e solares desde a privilexiada atalaia que se ofrece ao visitante a esquerda e dereita do monumento. As bolsas de plástico con excrementos de cans decorando o paseo, os restos do botellón da noite anterior aínda presentes malia o avanzado da mañá dominical. Pintadas, ruínas e a utilización de materiais totalmente prohibidos como medianeiras con uralitas plásticas de cor verde que ninguén parece ver nin sancionar, mentres o celo multando no aparcamento ORA crece de xeito exponencial nos últimos tempos. Volvo á normalidade.

Na Rolda da Muralla e nun dos tramos con máis tráfico rodado vexo obras que mantén cortado algún carril deixando a circulación reducida a só un deles, e pregúntome que pasará nun día laborable e cos colexios en período lectivo. Falta de previsión, planificación ou sentido común. Volvo á normalidade.

As cifras macroeconómicas parecen que confirman o final da crise e a boa dirección da recuperación. Son datos positivos aínda que insuficientes para paliar a sangría de tanto desemprego, especialmente xuvenil. Malia iso son moitos os que se empeñan en non querer velo e menos recoñecelo, non vaia a ser que por iso deixen de ser oposición ou colaboren en transmitir unha boa imaxe de España ao exterior e ao afianzamento deste goberno. “Deus nos libre”, pensarán. Volvo á normalidade.



O normal, a normalidade que querería, sería que todos velásemos por conservar e potenciar o mellor que temos, que todos no alegrásemos de que as cousas empecen a mellorar e deixar de poñer zancadillas a canto se move ao noso ao redor. O normal sería que nos comportásemos como xente normal.
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