miércoles, 22 de octubre de 2014

Si se fueran de allí

La palabra Pandemia viene definida en el diccionario como “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”.

Cuando el miedo se instala entre muchos ciudadanos de diferentes culturas y continentes surgen en nuestra memoria las grandes pandemias que a lo largo de la Historia asolaron nuestros pueblos y civilizaciones. Desde la peste que llegó a la antigua Grecia procedente de Egipto, segando la vida de las dos terceras partes de la población de Atenas, hasta nuestros días, han sido muchas las grandes pandemias que con diferentes formatos y denominaciones nos han amedrentado: tifus, ántrax, viruela, y ahora el Ébola.

De los brotes de Ébola que nos han azotado históricamente, la variedad del Zaire ha sido la más letal. Es una enfermedad aguda que o mata en pocas semanas o se sobrevive.

Las previsiones más optimistas para África, con la epidemia fuera de control y con los contagios en progresión geométrica, pronostican que a principios del 2015 podríamos contar con medio millón de afectados en aquellos países, por lo que será inevitable que nuevos casos de personas contagiadas vuelvan a surgir en nuestro entorno.

Pero también hay previsiones menos optimistas, ignoro si más realistas, que hablan de que la cifra de contagiados para entonces rondaría el millón y medio de personas, y será entonces cuando el avance hacia Europa resultaría difícil de contener, especialmente sino se adoptan las medidas que en los últimos días países como EE.UU., Gran Bretaña, Francia o Bélgica han empezado a tomar, a pesar de que hace tan sólo una semana las principales autoridades sanitarias europeas acabaran su Consejo sin compromisos concretos. En España los grandes profesionales sanitarios, de los que es un buen ejemplo Teresa Romero, estan demostrando con su buen hacer que debemos confiar en su trabajo. 

Sólo el miedo en dosis elevadas, el pánico, nos fuerza a implicarnos en los problemas de esta envergadura. Será cuestión de egoísmo o de pura supervivencia, porque cuando se trata del sufrimiento ajeno, nuestra sensibilidad alcanza cotas muy bajas.

Son las pandemias, los graves riesgos afectando a muchas personas, las que parecen activar los resortes de las respuestas humanitarias. A pesar de ello no podemos ni debemos olvidar que mientras aquí sólo nos hacemos sensibles al peligro cuando la noticia de una persona infectada abre todos los telediarios, en otros lugares a miles de kilómetros de sus casas, y en primera línea de batalla a la enfermedad, hay personas que sin disponer de los sofisticados trajes protectores del contagio, pero equipados con una gran cantidad de generosidad y entrega, tratan de atajar el brote de la enfermedad y cuidar a los enfermos. Cooperantes, misioneros, médicos… una gran legión de grandes corazones, a pesar de la alarma social, siguen allí y no piensan salir corriendo, porque como nos han dicho, “si nos fuéramos de allí sería una traición a la gente”. 

Nuestra sociedad nunca sabrá ni podrá pagarles su sacrificio.

Se marcharan de alí 

A palabra pandemia defínese no dicionario como "epidemia que se estende a varios países ou que ataca a case todos os individuos dunha localidade ou rexión". 

Cando o medo está instalado entre moitos cidadáns de diferentes culturas e continentes xorden na nosa memoria as grandes pandemias que ao longo da historia devastou nosos pobos e civilizacións. Dende a praga que veu á Grecia antiga de Exipto, acabando coa vida de dous terzos da poboación de Atenas, ata hoxe, houbo moitas grandes pandemias con diferentes formatos e nomes aos que ter medo a tifo, Anthrax , varíola, e agora Ébola.

Dos brotes de Ébola que nos atormentaron historicamente, a variedade de Zaire foi o máis letal. É unha enfermidade aguda ou mata en poucas semanas ou se sobrevive. 

As previsións máis optimistas a África, coa epidemia fóra de control e os contaxios en progresión xeométrica, prevén que a principios de 2015 podería afectar a medio millón de persoas deses países, polo que é inevitable que novos casos de persoas infectadas xurdan novamente no noso medio ambiente. 

Pero tamén hai previsións menos optimistas, eu non sei se máis realista, que falan do número de infectados para entón de preto dun millón e medio de persoas, e será entón cando o avance sería moi difícil de conter, especialmente se non son tomadas medidas que nos últimos días países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Bélxica comezaron a tomar, aínda que hai só unha semana as principais autoridades de saúde europeas terminaron o Consello sen compromisos concretos. En España, os principais profesionais de saúde, e un bo exemplo é Teresa Romero, están demostrando o seu bo traballo, hai que confiar no seu traballo. 

Só o medo en doses elevadas, o pánico, nos está a forzar a involucrarse nos problemas desa magnitude. Será cuestión de egoísmo ou pura supervivencia, porque, cando se trata do sufrimento dos outros, a nosa sensibilidade alcanza niveis moi baixos. 

Son as pandemias, os principais riscos que afectan a moita xente, as que parecen activar os resortes das respostas humanitarias. Con todo, non podemos e non debemos esquecer que, mentres estamos aquí só nos facemos sensible ao perigo cando a noticia dunha persoa infectada abre todas as noticias, noutros lugares a miles de quilómetros das súas casas, e na primeira liña para enfermidade hai persoas que non teñen roupa de protección de exposición sofisticado, ou equipado, pero que con moita xenerosidade e dedicación buscan conter a epidemia da enfermidade e coidar dos enfermos. Traballadores humanitarios, misioneiros, médicos ... unha lexión de grandes corazóns que, a pesar da alarma social, aínda están alí e non creo que para saír correndo, porque, como xa dixeron, "se saímos de alí sería unha traizón do pobo." 

A nosa sociedade non vai saber ou poder pagar o seu sacrificio.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Diagnostico erróneo

Cuando comenzaba la actual Legislatura en el Congreso algunos dábamos por amortizado el tiempo de liderazgo de Pérez Rubalcaba y abríamos las quinielas sobre su sucesión.

Me inquietaba comprobar que entre los posibles aspirantes, al menos entre aquellos que aparecían en las quinielas, se llamasen Chacón, Madina u otros similares, todos carecían de mucha experiencia y parecían tener como denominador común el rencor y el resentimiento hacia todos los que nos sentamos enfrente y representamos a los millones de ciudadanos que no depositan su voto en las papeletas donde figuran sus nombres, es decir hacia todo lo que no sean sus propios colores.

Fuimos varios los que empezamos a señalar a un diputado de nueva hornada que sentado bastante arriba y desconocido para la mayoría de la Cámara, como posible candidato a suceder a Rubalcaba, y también fueron muchos los que se reían de nuestra apuesta. Aquel diputado era Pedro Sánchez, hoy Secretario general del PSOE.

Los que hicimos aquel diagnóstico teníamos nuestras razones y dábamos por supuesto que cumplía una serie de requisitos que ahora, con el paso de los meses han resultado fallidos y se van desmoronando por si solos.

Aunque a priori mejor preparado que los que fueron sus rivales internos, al igual que ellos pertenece a una generación donde las cosas les resultaron más fáciles que a sus padres y también que a muchos jóvenes que hoy luchan por abrirse camino. 

Estos días se habla de las “perlas” que en este tiempo de liderazgo han salido ya por su boca. Posiblemente muchas de ellas se deban a su inexperiencia y a ese afán por practicar la peligrosa política basada exclusivamente en el populismo.

Desde decir que sobra el Ministerio de Defensa, pedir funerales de Estado para las victimas de violencia machista, decir que quiere a Cataluña como nación, referirse al programa de Tele 5 “Sálvame” como referente social, negar el apoyo de sus eurodiputados a la única persona española designada para ocupar un lugar en la Comisión Europea mientras los diputados socialistas de otros países sí están dispuestos a apoyar a Miguel Arias, volver a los famosos anuncios de derogación de los acuerdos con la Santa Sede, o, por no agotar el espacio disponible, sus palabras pidiendo “desterrar de nuestro vocabulario palabras como crisis, desigualdad, violencia de genero, independentismo…” para inmediatamente aclarar que no quería vincular independentismo a ninguna expresión de violencia.

Mi diagnostico fue erróneo, porque su empeño en seguir la estela de Zapatero, su obsesión por los eslóganes de anuncio televisivo y la imagen, le están llevando a caer en lo que algunos califican como “frikismo”. Síntomas que son reflejo de la inexperiencia y de querer correr un maratón como si se tratase de los 800 metros, síntomas que pueden acabar con sus expectativas, no con las de convertirse en un producto de marketing, pero sí con las de aspirar a ser un hombre de Estado.

Diagnostico erróneo

Cando comezaba a actual Legislatura no Congreso algúns dabamos por amortizado o tempo de liderado de Pérez Rubalcaba e abriamos as quinielas sobre a súa sucesión.

Inquietábame comprobar que entre os posibles aspirantes, polo menos entre aqueles que aparecían nas quinielas, chamásense Chacón, Madina ou outros similares, todos carecían de moita experiencia e parecían ter como denominador común o rancor e o resentimento cara a todos os que nos sentamos en fronte e representamos aos millóns de cidadáns que non depositan o seu voto nas papeletas onde figuran os seus nomes, é dicir cara a todo o que non sexan as súas propias cores.

Fomos varios os que empezamos a sinalar a un deputado de nova fornada que sentado bastante arriba e descoñecido para a maioría da Cámara, como posible candidato a suceder a Rubalcaba, e tamén foron moitos os que se rían da nosa aposta. Aquel deputado era Pedro Sánchez, hoxe Secretario xeral do PSOE.

Os que fixemos aquel diagnóstico tiñamos as nosas razóns e dabamos por suposto que cumpría unha serie de requisitos que agora, co paso dos meses resultaron errados e vanse desmoronando por si sos.

Aínda que a priori mellor preparado que os que foron os seus rivais internos, do mesmo xeito que eles pertence a unha xeración onde as cousas resultáronlles máis fáciles que aos seus pais e tamén que a moitos mozos que hoxe loitan por abrirse camiño. 

Estes días fálase das “perlas” que neste tempo de liderado saíron xa pola súa boca. Posiblemente moitas delas débanse ao seu inexperiencia e a ese afán por practicar a perigosa política baseada exclusivamente no populismo.

Desde dicir que sobra o Ministerio de Defensa, pedir funerais de Estado para as vítimas de violencia machista, dicir que quere a Cataluña como nación, referirse ao programa de Tele 5 “Sálvame” como referente social, negar o apoio dos seus eurodeputados á única persoa española designada para ocupar un lugar na Comisión Europea mentres os deputados socialistas doutros países si están dispostos a apoiar a Miguel Arias, volver aos famosos anuncios de derrogación dos acordos coa Santa Sé, ou, por non esgotar o espazo dispoñible, as súas palabras pedindo “desterrar do noso vocabulario palabras como crises, desigualdade, violencia de xero, independentismo...” para inmediatamente aclarar que non quería vincular independentismo a ningunha expresión de violencia.

O meu diagnostico foi erróneo, porque o seu empeño en seguir o ronsel de Zapatero, a súa obsesión polos eslóganes de anuncio televisivo e a imaxe, estanlle levando a caer no que algúns cualifican como “frikismo”. Síntomas que son reflexo da inexperiencia e de querer correr un maratón coma se tratásese dos 800 metros, síntomas que poden acabar coas súas expectativas, non coas de converterse nun produto de marketing, pero si coas de aspirar a ser un home de Estado.
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