miércoles, 19 de noviembre de 2014

Medio hombre

En tiempos donde las principales noticias tienen como denominador común la violación de las leyes o las conductas ilícitas para el enriquecimiento personal, el resurgir en las tinieblas de la memoria de un pueblo de uno de sus héroes, es motivo de esperanza.

Este fin de semana se producía el reconocimiento al gran marino Blas de Lezo Olavarrieta, que entre otras gestas consiguió en 1741 y con solo 6 barcos, propiciar una sonora y silenciada derrota a los 180 barcos que formaban la armada inglesa en Cartagena de Indias. 

No cabe en este breve articulo el relato de sus gestas, pero baste decir que posiblemente le debamos que en Iberoamérica el idioma de aquellos países sea el español y no el inglés.

Que el inglés al mando de aquella armada, el almirante Vernon, no sea muy recordado en su país puede tener alguna explicación, pero que nuestro héroe Blas de Lezo haya tardado casi tres siglos en tener un reconocimiento público como el dispensado este sábado en Madrid no tiene fácil explicación. Olvidamos a nuestros héroes, olvidamos nuestra historia y nos olvidamos de lo que somos y quiénes somos.

Costumbre muy nuestra la de regodearnos hurgando en nuestras heridas en lugar de sentirnos orgullosos de los grandes personajes de la historia de España y de sus gestas.

Palabras como patria, compatriota, superación personal, humildad, sacrificio, esfuerzo, lealtad, valor, fortaleza, espíritu de entrega… parecen haber desaparecido del diccionario, cuando no hace mucho se aplicaban como calificativos a las personas que destacaban en la defensa de nuestros intereses.

Corren tiempos en los que los héroes de muchos de nuestros jóvenes se cuentan por miles entre artistas y deportistas. Héroes con pies de barro al lado de hombres valientes como Blas de Lezo, que fundamentalmente fueron defensores de los principios, algo que hoy parece pasado de moda.

Son tiempos en los que niños y no tan niños ignoran la historia de su país, donde cualquiera de ellos conoce mejor los detalles de la vida personal de ídolos que pasan de moda con cada estación del año. Por ello resulta emotivo que se erija un monumento a un héroe de los grandes, una estatua de bronce que permita recordar durante siglos lo que ha permanecido sepultado en la memoria colectiva durante tanto tiempo.

Tan necesitados estamos de referentes, de personas íntegras que antepongan los servicios a España a sus intereses personales, que por unos instantes hemos encontrado a uno de ellos, aunque sea alguien nacido hace 325 años.

Por las amputaciones en su cuerpo como consecuencia de las graves heridas sufridas en las múltiples batallas libradas le llamaban “medio hombre”. Un medio hombre que venció con solo 6 barcos a la mayor fuerza naval de la historia después de la de Normandía.

Cuan necesitados estamos de medios hombres como aquel para vencer a todos aquellos empeñados en romper con nuestra Historia, en tirar por tierra todo lo que nos une, nuestra fuerza como nación. 

Medio home

En tempos onde as principais noticias teñen como denominador común a violación das leis ou as condutas ilícitas para o enriquecimento persoal, o rexurdir nas tebras da memoria dun pobo dun dos seus heroes, é motivo de esperanza.

Este fin de semana producíase o recoñecemento ao gran mariño Blas de Lezo Olavarrieta, que entre outras xestas conseguiu en 1741 e con só 6 barcos, propiciar unha sonora e silenciada derrota aos 180 barcos que formaban a armada inglesa en Cartagena de Indias. 

Non cabe neste breve artigo o relato das súas xestas, pero baste dicir que posiblemente debámoslle que en Iberoamérica o idioma daqueles países sexa o español e non o inglés.

Que o inglés ao mando daquela armada, o almirante Vernon, non sexa moi recordado no seu país pode ter algunha explicación, pero que o noso heroe Blas de Lezo tardara case tres séculos en ter un recoñecemento público como o dispensado este sábado en Madrid non ten fácil explicación. Esquecemos aos nosos heroes, esquecemos a nosa historia e esquecémonos do que somos e quen somos.

Costume moi noso a de regodearnos furgando nas nosas feridas en lugar de sentirnos orgullosos dos grandes personaxes da historia de España e das súas xestas.

Palabras como patria, compatriota, superación persoal, humildade, sacrificio, esforzo, lealdade, valor, fortaleza, espírito de entrega… parecen desaparecer do dicionario, cando non hai moito se aplicaban como cualificativos ás persoas que destacaban na defensa dos nosos intereses.

Corren tempos nos que os heroes de moitos dos nosos mozos cóntanse por miles entre artistas e deportistas. Heroes con pés de barro á beira de homes valentes como Blas de Lezo, que fundamentalmente foron defensores dos principios, algo que hoxe parece pasado de moda.

Son tempos nos que nenos e non tan nenos ignoran a historia do seu país, onde calquera deles coñece mellor os detalles da vida persoal de ídolos que pasan de moda con cada estación do ano. Por iso resulta emotivo que se faga un monumento a un heroe dos grandes, unha estatua de bronce que permita recordar durante séculos ao que permaneceu sepultado na memoria colectiva durante tanto tempo.

Tan necesitados estamos de referentes, de persoas íntegras que antepoñan os servizos a España aos seus intereses persoais, que por uns instantes atopamos a un deles, aínda que sexa alguén nado fai 325 anos.

Polas amputacións no seu corpo como consecuencia das graves feridas sufridas nas múltiples batallas libradas chamábanlle “medio home”. Un medio home que venceu con só 6 barcos á maior forza naval da historia logo da de Normandía.

Que necesitados estamos de medios homes como aquel para vencer a todos aqueles empeñados en romper coa nosa Historia, en tirar por terra todo o que nos une, a nosa forza como nación.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Soltar lastre

Cuando un globo aerostático pierde altura y corre peligro de estrellarse tiene que proceder a liberarse urgentemente del peso que lo empuja en el mismo sentido que la fuerza de la gravedad, y soltar todo el lastre posible.

No se le oculta a nadie que los momentos que vivimos en España generan una especial preocupación en la sociedad, y lo hacen por el cariz que está tomando todo lo que día a día se va conociendo relacionado con diferentes tramas de corrupción política, empresarial, sindical, institucional y personal. 

Ya no es suficiente con pedir perdón y disculpas para mantener la confianza que todavía tienen los ciudadanos en las instituciones y en los gobiernos, o para recuperar la de aquellos que dejaron de tenerla hace tiempo.

Se hace imprescindible adoptar medidas, además de las ya aprobadas, que entiendan y visualicen todos, si lo que se persigue es recuperar el crédito perdido. Lo que está en juego es mucho más que un puñado de votos para uno u otro partido. Está en juego la esencia misma de la democracia y se corre el peligro de caer en la autodestrucción de nuestro sistema por el simple mecanismo de rebelarse contra los que hoy gobiernan sustituyéndolos por grupos extremistas. Para evitarlo, no podemos seguir pidiéndole a los ciudadanos que sigan confiando a ciegas en nosotros mientras no les demostremos claramente que se castigará duramente y no se tolerará conducta alguna que vaya en contra de valores imprescindibles como la honradez de los dirigentes que, al fin y a la postre, van ligados a la necesaria autoridad moral que deben transmitir.

Desde la devolución a la sociedad de todo lo robado, las necesarias renovaciones en el seno de los partidos políticos con especial participación en el proceso de elección de los cargos de los mismos y de los que aspiren a ser candidatos a cargos públicos, las auditorias independientes a las cuentas de todos los partidos, las modificaciones en la legislación de contratos de las administraciones publicas haciéndola más transparente y menos discrecional, una mayor agilidad en la instrucción de los procedimientos judiciales relacionados con la corrupción, el endurecimiento de las penas y la tipificación como delito de los casos de financiación irregular de los partidos, hasta cualquier otra medida que contribuya a evitar que España se abra en canal.

La recuperación económica, con los matices que cada uno quiera introducir, es algo que nadie niega aunque ya hemos olvidado de dónde venimos porque aparentemente el peligro ha pasado, el de una España al borde del rescate y la quiebra. Pero el esfuerzo realizado por la sociedad española en su conjunto ha sido enorme y no se puede tirar por la borda.

Del cesto del globo tenemos que tirar, y rápidamente, todo el lastre que generan cuantos corruptos han salido a la luz y los que aparezcan en los próximos días. Tirarlos para que caiga sobre ellos todo el peso de la Ley y para que, liberados de tan pesado y dañino lastre, acabemos con esta autodestrucción que nos lleva al suicidio colectivo.

Soltar lastre

Cando un globo aerostático perde altura e corre perigo de estrelarse ten que proceder a liberarse urxentemente do peso que o empuxa no mesmo sentido que a forza da gravidade, e soltar todo o lastre posible.

Non se lle oculta a ninguén que os momentos que vivimos en España xeran unha especial preocupación na sociedade, e fano polo cariz que está tomando todo o que día a día se vai coñecendo relacionado con diferentes tramas de corrupción política, empresarial, sindical, institucional e persoal. 

Xa non é suficiente con pedir perdón e desculpas para manter a confianza que aínda teñen os cidadáns nas institucións e nos gobernos, ou para recuperar a daqueles que deixaron de tela fai tempo.

Faise imprescindible adoptar medidas, ademais das xa aprobadas, que entendan e visualicen todos, si o que se persegue é recuperar o crédito perdido. O que está en xogo é moito máis que un puñado de votos para un ou outro partido. Está en xogo a esencia mesma da democracia e córrese o perigo de caer na autodestrución do noso sistema polo simple mecanismo de rebelarse contra os que hoxe gobernan substituíndoos por grupos extremistas. Para evitalo, non podemos seguir pedíndolle aos cidadáns que sigan confiando a cegas en nós mentres non lles demostremos claramente que se castigará duramente e non se tolerará conduta algunha que vaia en contra de valores imprescindibles como a honradez dos dirixentes que, ao cabo, van ligados á necesaria autoridade moral que deben transmitir.

Desde a devolución á sociedade de todo o roubado, as necesarias renovacións no seo dos partidos políticos con especial participación no proceso de elección dos cargos dos mesmos e dos que aspiren a ser candidatos a cargos públicos, as auditorías independentes ás contas de todos os partidos, as modificacións na lexislación de contratos das administracións publicas facéndoa máis transparente e menos discrecional, unha maior axilidade na instrución dos procedementos xudiciais relacionados coa corrupción, o endurecemento das penas e a tipificación como delito dos casos de financiamento irregular dos partidos, ata calquera outra medida que contribúa a evitar que España se abra en canle.

A recuperación económica, cos matices que cada un queira introducir, é algo que ninguén nega aínda que xa esquecemos de onde vimos porque aparentemente o perigo pasou, o dunha España ao bordo do rescate e crébaa. Pero o esforzo realizado pola sociedade española no seu conxunto foi enorme e non se pode tirar pola borda.

Do cesto do globo temos que tirar, e rapidamente, todo o lastre que xeran cantos corruptos saíron á luz e os que aparezan nos próximos días. Tiralos para que caia sobre eles todo o peso da Lei e para que, liberados de tan pesado e daniño lastre, acabemos con esta autodestrución que nos leva ao suicidio colectivo.
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