miércoles, 20 de mayo de 2015

Para cuatro años

Cuando el próximo domingo depositemos nuestro voto en el interior de los cientos de urnas colocadas al efecto, los lucenses y muchos otros vecinos de pueblos y ciudades de España estaremos decidiendo qué modelo de ciudad y qué dirigentes queremos al frente de nuestros ayuntamientos.

Es sabido que corren tiempos difíciles para sentir afección por y para lo que tenga relación con la política. Unos y otros habremos hecho méritos para conseguirlo, pero ello no debería ser motivo para ignorar la oportunidad de decidir una parte de nuestro futuro, la que la democracia nos ofrece cada cuatro años.

Los estados anímicos de enfado o rechazo hacia las formaciones a las que cada uno viene siendo más o menos leal y fiel, no deberían ser motivo para castigarnos a nosotros mismos. Utilizar la papeleta para fastidiar unas siglas es una mala idea porque podemos estar consiguiendo el efecto contrario, o como mínimo darnos la bofetada en nuestra propia cara.

A mi juicio en Lugo este próximo domingo hay dos platos en la balanza de las decisiones. En uno pondremos los argumentos que justifiquen que las personas que dirigieron los destinos de nuestra ciudad durante los últimos 16 años tengan avales suficientes para seguir haciéndolo. En el otro lado de la balanza, las razones para que unas personas que durante estos años han procurado aportar desde la oposición sus propuestas constructivas para Lugo ahora puedan encargarse de llevarlas a cabo.

No sorprenderá a nadie que como exalcalde de Lugo y con 10 años de vida política dentro del ayuntamiento de la ciudad, y por tanto con una modesta experiencia en la gestión de los asuntos que más cerca nos tocan, pueda tener claras las cuestiones que colocaría en cada lado de esas balanzas.

No puedo conceder avales, ni mi voto, a quienes han dejado que 16 años hayan sido un periodo de tiempo donde Lugo quedó anclado y sin proyecto claro de ciudad. Donde todo lo más, y siendo generoso, se dedicó el esfuerzo a contentar a los que solo se preocupan del “qué hay de lo mío...” sin preocuparles cómo va lo de todos. A conseguir que Lugo abriera muchos telediarios en noticias poco edificantes y nada beneficiosas para su proyección y desarrollo.

En el otro plato quiero poner los argumentos para el relevo a esta situación. Las personas que nada tienen que ver con los oscuros episodios de la gestión bajo sospechas de irregularidades. En ese plato pesan aquellos que pertenecen a mi misma formación política y que ya ganaron hace cuatro años las elecciones sin poder asumir la alcaldía por los pactos entre perdedores. Pesan los proyectos y propuestas que, sin duda alguna, van a mejorar nuestra ciudad poniendo en valor aquello que nos diferencia en patrimonio natural, histórico y humano de otros lugares, al tiempo que cuidarán de que los servicios públicos que pagamos con nuestros impuestos respondan a una gestión eficaz y transparente, libre de sospechas y denuncias reiteradas.

Jaime Castiñeira y su candidatura tendrán mi voto porque no quiero otros cuatro años con titulares bochornosos para Lugo, porque no quiero 20 años perdidos.

Para catro anos

Cando o próximo domingo depositemos o noso voto no interior dos centos de urnas colocadas para o efecto, os lucenses e moitos outros veciños de pobos e cidades de España estaremos a decidir que modelo de cidade e que dirixentes queremos á fronte dos nosos concellos.

É sabido que corren tempos difíciles para sentir afección por e para o que teña relación coa política. Uns e outros teremos feito méritos para conseguilo, pero iso non debería ser motivo para ignorar a oportunidade de decidir unha parte do noso futuro, a que a democracia nos ofrece cada catro anos.

Os estados anímicos de enfado ou rexeitamento cara ás formacións ás que cada un vén sendo máis ou menos leal e fiel, non deberían ser motivo para castigarnos a nós mesmos. Utilizar a papeleta para amolar unhas siglas é unha mala idea porque podemos estar a conseguir o efecto contrario, ou como mínimo darnos a labazada na nosa propia cara.

Ao meu xuízo en Lugo este próximo domingo hai dous pratos na balanza das decisións. Nun poñeremos os argumentos que xustifiquen que as persoas que dirixiron os destinos da nosa cidade durante os últimos 16 anos teñan avais abondo para seguir facéndoo. No outro lado da balanza, as razóns para que unhas persoas que durante estes anos procuraron achegar dende a oposición as súas propostas construtivas para Lugo agora poidan encargarse de levalas a cabo.

Non sorprenderá a ninguén que como exalcalde de Lugo e con 10 anos de vida política dentro do concello da cidade, e polo tanto cunha modesta experiencia na xestión dos asuntos que máis preto nos tocan, poida ter claras as cuestións que colocaría en cada lado desas balanzas.

Non podo conceder avais, nin o meu voto, aos que deixaron que 16 anos fosen un período de tempo onde Lugo quedou ancorado e sen proxecto claro de cidade. Onde todo o máis, e sendo xeneroso, se dedicou o esforzo a contentar aos que só se preocupan do "que hai do meu... " sen preocuparlles como vai o de todos. A conseguir que Lugo abrise moitos telexornais en noticias pouco edificantes e nada beneficiosas para a súa proxección e desenvolvemento.

No outro prato quero poñer os argumentos para o relevo a esta situación. As persoas que nada teñen que ver cos escuros episodios da xestión baixo sospeitas de irregularidades. Nese prato pesan aqueles que pertencen á miña mesma formación política e que xa gañaron hai catro anos as eleccións sen poder asumir a alcaldía polos pactos entre perdedores. Pesan os proxectos e propostas que, sen dúbida ningunha, van mellorar a nosa cidade poñendo en valor aquilo que nos diferenza en patrimonio natural, histórico e humano doutros lugares, ao tempo que coidarán de que os servizos públicos que pagamos cos nosos impostos respondan a unha xestión eficaz e transparente, libre de sospeitas e denuncias reiteradas.

Jaime Castiñeira e a súa candidatura terán o meu voto porque non quero outros catro anos con titulares bochornosos para Lugo, porque non quero 20 anos perdidos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Recetas para campañas electorales

Cuando estas letras vean la luz estaremos a menos de tres días de que suenen las músicas que anuncian una nueva campaña electoral. En un año donde los españoles en general, directa o indirectamente, habremos vivido hasta 4 campañas electorales, las dosis de prudencia a la hora de elegir los mensajes y las estrategias es una cuestión algo más que recomendable.

A mi juicio, lo más importante sería centrar el trabajo de los candidatos y la organización del Partido en el contacto directo con personas y colectivos. Reunirse por sectores y escuchar, escuchar más que hablar. Tomar buena nota de cuáles son las cuestiones que más preocupan e incluso agobian a muchos ciudadanos. Cada colectivo profesional, asociación o persona tiene su propia idiosincrasia, pero del conjunto de todos ellos pueden extraerse perfectamente un importante número de prioridades para resolver, o intentar hacerlo, sus problemas. Por tanto, primera receta, mucho contacto directo sin ruidos y parafernalia electoral.

La segunda receta, siempre en mi modesta opinión, pasa por dejarse de complicados programas electorales cargados de propuestas que muchas veces resultan muy difíciles de materializar, y menos en los tiempos que corren de penurias económicas en todas las arcas públicas. Hay que enterrar aquellos tiempos de un auditorio, un polígono, una piscina... en cada municipio, grande o pequeño, habitado o condenado a su desaparición. En pocas palabras, olvidar las promesas que no se tenga una clara posibilidad de poder cumplir.

Una tercera recomendación iría en la línea de practicar la humildad en lo personal y en lo político. Hoy más que nunca, nuestros vecinos esperan de sus representantes públicos que sean personas que se distingan por su trabajo, sinceridad, honradez y humildad. Hay muchas cosas que podemos hacer que no sean solo gestos para la galería. Preocuparnos y visitar a los que lo están pasando peor, erradicar todo símbolo de ostentación, incluyendo banquetes innecesarios y festejos mensuales con cargo a los presupuestos municipales.

Finalmente, y aplicando un viejo principio de la hostelería que dice que el cliente siempre tiene razón, escuchar a nuestros vecinos y la mayoría de las veces darles la razón, porque posiblemente la tengan.

A pesar de estas recetas, más propias del sentido común que de expertos en marketing electoral, el momento político presente es preocupante por los casos de corrupción que, dentro y fuera de los partidos, ofenden irremediablemente la sensibilidad de cualquier ciudadano que con dificultades llega a fin de mes o que, y todavía es más grave, busca trabajo sin éxito, dejando claro que el comportamiento repugnante de unos pocos no puede amedrentar y hacer renegar de los ideales y de los principios que defendemos la mayoría de los que nos dedicamos al servicio publico desde la política. 

Ojalá que con prudencia, humildad, honradez y trabajo recuperemos el prestigio que merecen todos los servidores públicos y la política.


Receitas para campañas electorais

Cando estas letras vexan a luz estaremos a menos de tres días de que soen as músicas que anuncian unha nova campaña electoral. Nun ano onde os españois en xeral, directa ou indirectamente, teremos vivido ata 4 campañas electorais, as doses de prudencia á hora de elixir as mensaxes e as estratexias é unha cuestión algo máis que recomendable.

Ao meu xuízo, o máis importante sería centrar o traballo dos candidatos e a organización do Partido no contacto directo con persoas e colectivos. Reunirse por sectores e escoitar, escoitar máis que falar. Tomar boa nota de cales son as cuestións que máis preocupan e mesmo sufocan a moitos cidadáns. Cada colectivo profesional, asociación ou persoa ten a súa propia idiosincrasia, pero do conxunto de todos eles poden extraerse perfectamente un importante número de prioridades para resolver, ou intentar facelo, os seus problemas. Por tanto, primeira receita, moito contacto directo sen ruídos e aparato electoral.

A segunda receita, sempre na miña modesta opinión, pasa por deixarse de complicados programas electorais cargados de propostas que moitas veces resultan moi difíciles de materializar, e menos nos tempos que corren de penurias económicas en todas as arcas públicas. Hai que enterrar aqueles tempos dun auditorio, un polígono, unha piscina... en cada municipio, grande ou pequeno, habitado ou condenado á súa desaparición. En poucas palabras, esquecer as promesas que non se teña unha clara posibilidade de poder cumprir.

Unha terceira recomendación iría na liña de practicar a humildade no persoal e no político. Hoxe máis que nunca, os nosos veciños esperan dos seus representantes públicos que sexan persoas que se distingan polo seu traballo, sinceridade, honradez e humildade. Hai moitas cousas que podemos facer que non sexan só xestos para a galería. Preocuparnos e visitar os que o están a pasar peor, erradicar todo símbolo de ostentación, incluíndo banquetes innecesarios e festexos mensuais con cargo aos presupostos municipais.

Finalmente, e aplicando un vello principio da hostalaría que di que o cliente sempre ten razón, escoitar os nosos veciños e a maioría das veces darlles a razón, porque posiblemente a teñan.

A pesar destas receitas, máis propias do sentido común que de expertos en mercadotecnia electoral, o momento político presente é preocupante polos casos de corrupción que, dentro e fóra dos partidos, ofenden irremediablemente a sensibilidade de calquera cidadán que con dificultades chega co fin de mes ou que, e aínda é máis grave, busca traballo sen éxito, deixando claro que o comportamento repugnante duns poucos non pode amedrentar e facer renegar dos ideais e dos principios que defendemos a maioría dos que nos dedicamos ao servizo publico dende a política.

Oxalá que con prudencia, humildade, honradez e traballo recuperemos o prestixio que merecen todos os servidores públicos e a política.
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