miércoles, 27 de enero de 2016

Saber leer

La situación actual de España, después de los resultados de las elecciones generales, ciertamente está dando para un máster en política y derecho constitucional.

Se hacen interpretaciones diversas, lógicamente interesadas, de esos resultados y hay quien dice que estamos ante una situación inédita en nuestra joven democracia.

Pero lo que a mi juicio resulta inédito, es la lectura o la interpretación de dichos resultados, porque situaciones sin mayorías claras ya se dieron en otras épocas. La principal diferencia reside, y es una opinión personal, en que hasta esta ocasión nadie cuestionaba que debería presidir y tratar de formar gobierno el candidato que había ganado las elecciones.

Así en 1996, el PSOE perdía las elecciones generales por una pequeña diferencia de 15 escaños frente al PP, y a Felipe González no se le pasó por la cabeza el intentar arrebatar la legitimidad de Aznar mediante la búsqueda de coaliciones alternativas porque se respetaba la norma democrática de que gobernara el partido más votado, algo que el PP viene reiterando desde siempre.

Las circunstancias de aquellos años no eran mejores que las actuales en lo que al clima social y político se refiere. La corrupción llegó a muchos lugares y las concesiones a los partidos nacionalistas ya sembraron lo que hoy estamos recogiendo. Pero las diferencias con nuestra situación actual también eran palmarias. Nadie hacía planteamientos separatistas, las secuelas de rencor de nuestra guerra se habían enterrado. 

Tuvieron que ser el presidente Zapatero y su gobierno, quienes hiciesen temblar aquellos pilares con su ley de la memoria histórica, utilizando el dolor de las víctimas como arma electoral, inventando aquel cordón sanitario contra el PP y comenzando a formar gobiernos en ayuntamientos y CCAA con partidos separatistas.

Heredero y mal alumno de aquel nefasto profesor tenemos ahora a Pedro Sánchez, intentando retorcer los resultados electorales con el único propósito personal de llegar a ser presidente del gobierno al precio que tengamos que pagar él, su partido y España entera.

Para ello parece dispuesto a coaligarse con partidos rupturistas, marxistas, subvencionados y apadrinados por dictaduras. Lo hace a pesar de haber obtenido el peor resultado electoral de la historia del PSOE y de haberse quedado a 33 escaños del PP (recuerden aquellos 15 escaños entre González y Aznar).

En esto sí que el panorama actual es inédito. Ahora tenemos una simiente que puede resucitar y hacer germinar en la sociedad la inquina, el odio y las ganas de revancha que Sánchez y algunos de los suyos rezuman por sus heridas.

La diferencia está en saber leer adecuadamente lo que nos han dicho los españoles. Estamos ante una gran oportunidad histórica, y por ello no es momento para reparto de sillones antes de una investidura y menos por aquellos que ciertamente no están preparados para sentarse en ellos. Es la hora de los partidos constitucionalistas y no de las personas, de los cargos o de los ministerios.

Saber ler

A situación actual de España, despois dos resultados das eleccións xerais, certamente está a dar para un máster en política e dereito constitucional.

Fanse interpretacións diversas, loxicamente interesadas, deses resultados e hai quen di que estamos ante unha situación inédita na nosa nova democracia.

Pero o que ao meu xuízo resulta inédito, é a lectura ou a interpretación dos devanditos resultados, porque situacións sen maiorías claras xa se deron noutras épocas. A principal diferenza reside, e é unha opinión persoal, en que ata esta ocasión ninguén cuestionaba que debería presidir e tratar de formar goberno o candidato que gañara as eleccións.

Así en 1996, o PSOE perdía as eleccións xerais por unha pequena diferenza de 15 escanos fronte ao PP, e a Felipe González non se lle pasou pola cabeza o tentar arrebatar a lexitimidade de Aznar mediante a procura de coalicións alternativas porque se respectaba a norma democrática de que gobernase o partido máis votado, algo que o PP vén reiterando desde sempre.

As circunstancias daqueles anos non eran mellores que as actuais no que ao clima social e político refírese. A corrupción chegou a moitos lugares e as concesións aos partidos nacionalistas xa sementaron o que hoxe estamos a recoller. Pero as diferenzas coa nosa situación actual tamén eran palmarias. Ninguén facía formulacións separatistas, as secuelas de rancor da nosa guerra enterráronse. 

Tiveron que ser o presidente Zapatero e o seu goberno, quen fixese tremer aqueles alicerces coa súa lei da memoria histórica, utilizando a dor das vítimas como arma electoral, inventando aquel cordón sanitario contra o PP e comezando a formar gobernos en concellos e CCAA con partidos separatistas.

Herdeiro e mal alumno daquel nefasto profesor temos agora a Pedro Sánchez, tentando retorcer os resultados electorais co único propósito persoal de chegar a ser presidente do goberno ao prezo que teñamos que pagar el, o seu partido e España enteira.

Para iso parece disposto a coaligarse con partidos ruturistas, marxistas, subvencionados e apadriñados por ditaduras. Faio a pesar de obter o peor resultado electoral da historia do PSOE e de quedarse a 33 escanos do PP (lembren aqueles 15 escanos entre González e Aznar).

Nisto si que o panorama actual é inédito. Agora temos unha semente que pode resucitar e facer xerminar na sociedade a inquina, o odio e as ganas de desquite que Sánchez e algúns dos seus rezuman polas súas feridas.

A diferenza está en saber ler adecuadamente o que nos dixeron os españois. Estamos ante unha gran oportunidade histórica, e por iso non é momento para repartición de cadeiras de brazos antes dunha investidura e menos por aqueles que certamente non están preparados para sentar neles. É a hora dos partidos constitucionalistas e non das persoas, dos cargos ou dos ministerios.

miércoles, 13 de enero de 2016

Entre Francia y Portugal

El año 2016 ha comenzado hace escasas dos semanas y ya han sido muchas las noticias que nos anuncian momentos de gran incertidumbre y preocupación. Negativas al pacto entre fuerzas políticas constitucionalistas, maniobras en el parlamento catalán para continuar con la hoja de ruta independentista que deja en herencia Artur Mas, inicio del juicio por el caso Nóos, entre otras.

Mientras desde la presidencia del gobierno en funciones se hacen llamamientos sensatos para tratar de formar una gran coalición entre los partidos que pueden tener en común la defensa de nuestra constitución y del interés general de España, desde el partido socialista, su secretario general hace oídos sordos y solamente parece preocuparse por su futuro personal y por ganar tiempo para clarificar sus posibilidades dentro de su formación.

Al mismo tiempo el señor Sánchez se desplazaba a Lisboa para desde allí anunciar lo que era un secreto a voces, su apuesta por un pacto entre fuerzas que el llama progresistas, pero que en realidad son un batiburrillo de ideologías con el objetivo de terminar con España.

Sánchez habla de una solución que siga el modelo portugués, y es aquí donde quiero recordar que son muchas las cosas que separan las realidades y escenarios políticos de ambos países.

En Portugal no existen políticos con ideologías separatistas o rupturistas. No hay territorios que deseen la independencia. En Portugal se rechazó hace años, mediante referéndum, un sistema autonómico similar al que existe en España. En esto también nos diferenciamos de nuestro vecino por el norte, Francia, que posee una estructura administrativa muy centralizada.

Las aventuras separatistas no van con Portugal ni con Francia. En Portugal han sufrido una dictadura de derechas y una revolución de signo contrario, guerras con pérdidas de territorios en sus colonias. No quieren oír hablar de referéndum que burle la constitución ni verse inmersos en experimentos separatistas. Francia también ha visto a lo largo de su historia como las guerras ponían a prueba la unidad de los franceses. Ahora es el terrorismo el que nuevamente recibe una respuesta sin fisuras de su gobierno, del pueblo francés y de sus políticos.

En Portugal y en Francia a pesar de las discrepancias y de las diferencias ideológicas, los portugueses y los franceses son ante todo ciudadanos que se sienten orgullosos de serlo en sus países.

En España, por desgracia todavía hay personas que siguen guardando rencor y parecen no haber sabido o querido superar los errores del pasado. Hay políticos que fomentan el separatismo y el odio a la nación española. Hay líderes que solo piensan en clave de revancha aunque con ello perjudiquen a toda una sociedad.

Por estas y otras razones, lo que propone Sánchez, nada tiene que ver con las soluciones políticas aplicadas en Portugal o en otros países europeos. Lo que nos está proponiendo es una fórmula para desalojar del poder al partido vencedor sin importar el precio que paguemos por ello. Es la fórmula de la revancha.

Entre Francia e Portugal

O ano 2016 comezou fai escasas dúas semanas e xa foron moitas as noticias que nos anuncian momentos de gran incerteza e preocupación. Negativas ao pacto entre forzas políticas constitucionalistas, manobras no parlamento catalán para continuar coa folla de ruta independentista que deixa en herdanza Artur Mas, inicio do xuízo polo caso Nóos, entre outras.

Mentres desde a presidencia do goberno en funcións fanse chamamentos sensatos para tratar de formar unha gran coalición entre os partidos que poden ter en común a defensa da nosa constitución e do interese xeral de España, desde o partido socialista, o seu secretario xeral fai oídos xordos e soamente parece preocuparse polo seu futuro persoal e por gañar tempo para clarificar as súas posibilidades dentro da súa formación.

Ao mesmo tempo o señor Sánchez desprazábase a Lisboa para desde alí anunciar o que era un segredo a voces, a súa aposta por un pacto entre forzas que o chama progresistas, pero que en realidade son un batiburrillo de ideoloxías co obxectivo de terminar con España.

Sánchez fala dunha solución que siga o modelo portugués, e é aquí onde quero lembrar que son moitas as cousas que separan as realidades e escenarios políticos de ambos os países.

En Portugal non existen políticos con ideoloxías separatistas ou ruturistas. Non hai territorios que desexen a independencia. En Portugal rexeitouse hai anos, mediante referendo, un sistema autonómico similar ao que existe en España. Nisto tamén nos diferenciamos do noso veciño polo norte, Francia, que posúe unha estrutura administrativa moi centralizada.

As aventuras separatistas non van con Portugal nin con Francia. En Portugal sufriron unha ditadura de dereitas e unha revolución de signo contrario, guerras con perdas de territorios nas súas colonias. Non queren oír falar de referendo que burle a constitución nin verse inmersos en experimentos separatistas. Francia tamén viu ao longo da súa historia como as guerras poñían a proba a unidade dos franceses. Agora é o terrorismo o que novamente recibe unha resposta sen fisuras do seu goberno, do pobo francés e dos seus políticos.

En Portugal e en Francia a pesar das discrepancias e das diferenzas ideolóxicas, os portugueses e os franceses son ante todo cidadáns que senten orgullosos de selo nos seus países.

En España, por desgraza aínda hai persoas que seguen gardando rancor e parecen non saber ou querer superar os erros do pasado. Hai políticos que fomentan o separatismo e o odio á nación española. Hai líderes que só pensan en clave de desquite aínda que con iso prexudiquen a toda unha sociedade.

Por estas e outras razóns, o que propón Sánchez, nada ten que ver coas solucións políticas aplicadas en Portugal ou noutros países europeos. O que nos esta propoñendo é unha formula para desaloxar do poder ao partido vencedor sen importar o prezo que paguemos por iso. É a fórmula do desquite.
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