miércoles, 27 de julio de 2016

Patriotas

Cada vez que se celebra nuestro día de Galicia, el 25 de julio día de Santiago apóstol, en otros tiempos también festejado como patrón de España, surge el reiterado y estéril debate entorno al patriotismo y al concepto de patria gallega.

Simplificando al máximo observo dos maneras bien diferentes de celebrar nuestra identidad como pueblo en esta fecha tan señalada. Por un lado las reivindicaciones y manifestaciones de grupos nacionalistas que en esta ocasión aparecen más divididos y fracturados y que consideran una amenaza todo aquello que difiera de los patrones o modelos por ellos establecidos.

Por el otro la mayoría de los gallegos que ejercen como tales y aman a su tierra allá donde ese encuentren, todos los días del año con nuestra peculiar forma de ser y de convivir.

Durante el acto de entrega de las medallas de Galicia este pasado domingo a sus dignos merecedores pude escuchar y ver en cada uno de ellos esos ejemplos de gallegos que cumplieron y cumplen con su deber a diario.

Todos ellos y muchos otros gallegos anónimos que tenemos en nuestro entorno trabajan cada día poniendo en valor nuestras señas de identidad. Lo hacen sin poner murallas que los separen de aquellos otros que no piensan como ellos, sino trabajando por engrandecerse mediante la colaboración con su entorno. Todos innovan sin romper ni menospreciar la tradición con la que se sienten identificados y respetuosos.

Como dijo el presidente Feijóo en su discurso de dicho acto, “Toma cuerpo un patriotismo gallego humano, próximo, nada dogmático y cosmopolita, bien diferente al que considera una amenaza todo lo que sea distinto”.

El patriotismo que a mí me gusta queda perfectamente recogido en la intervención del Presidente de la Xunta que insiste en que entre las diferentes realidades que conforman Galicia no hay abismos sino puentes, que ninguna de las partes quiere romper con la otra sino complementarse.

Si algo debemos aprender de nuestra historia, como bien señalaba Feijóo, es que los pueblos en apariencia pequeños no están condenados a renunciar a la grandeza si son capaces de tender redes de colaboración y cooperación.

En los tiempos actuales vemos cada día cómo algunos se empeñan en defender sus señas de identidad propias con muestras de exclusión de separación y ruptura con el resto de la sociedad en la que conviven. Son aquellos que se definen como nacionalistas y que señalan a quienes piensan de diferente manera o se expresan en lengua diferente a la que ellos quieren imponer.

En la situación actual las divisiones y enfrentamientos solo comportan y acarrean retroceso y vulnerabilidad ante las adversidades de un mundo globalizado.

Por ello me quedo con el modelo de patriotas que representan las personas premiadas este domingo y los muchos gallegos anónimos que cada día siguen trabajando poniendo en valor nuestras peculiaridades dentro de un modelo de convivencia ejemplar en cualquier rincón del mundo donde se encuentren.

Patriotas

Cada vez que se celebra o noso día de Galicia, o 25 de xullo día de Santiago apóstolo, noutros tempos tamén festexado como patrón de España, xorde o reiterado e estéril debate contorna ao patriotismo e ao concepto de patria galega.

Simplificando ao máximo observo dúas maneiras ben diferentes de celebrar a nosa identidade como pobo nesta data tan sinalada. Por unha banda as reivindicacións e manifestacións de grupos nacionalistas que nesta ocasión aparecen máis divididos e fracturados e que consideran unha ameaza todo aquilo que difira dos patróns ou modelos por eles establecidos.

Polo outro a maioría dos galegos que exercen como tales e aman á súa terra alá onde ese atopen, todos os días do ano coa nosa peculiar forma de ser e de convivir.

Durante o acto de entrega das medallas de Galicia este pasado domingo aos seus dignos merecedores puiden escoitar e ver en cada un deles eses exemplos de galegos que cumpriron e cumpren co seu deber a diario.

Todos eles e moitos outros galegos anónimos que temos na nosa contorna traballan cada día poñendo en valor os nosos acenos de identidade. Fano sen poñer murallas que os separen daqueloutros que non pensan como eles, senón traballando por engrandecerse mediante a colaboración coa súa contorna. Todos innovan sen romper nin menosprezar a tradición coa que senten identificados e respectuosos.

Como dixo o presidente Feijóo no seu discurso do devandito acto, “Toma corpo un patriotismo galego humano, próximo, nada dogmático e cosmopolita, ben diferente ao que considera unha ameaza todo o que sexa distinto”.

O patriotismo que a min gústame queda perfectamente recollido na intervención do Presidente da Xunta que insiste en que entre as diferentes realidades que conforman Galicia non hai abismos senón pontes, que ningunha das partes quere romper coa outra senón complementarse.

Se algo debemos aprender da nosa historia, como ben sinalaba Feijóo, é que os pobos en aparencia pequenos non están condenados a renunciar á grandeza se son capaces de tender redes de colaboración e cooperación.

Nos tempos actuais vemos cada día como algúns se empeñan en defender os seus acenos de identidade propias con mostras de exclusión de separación e ruptura co resto da sociedade na que conviven. Son aqueles que se definen como nacionalistas e que sinalan a quen pensa de diferente maneira ou se expresan en lingua diferente á que eles queren impoñer.

Na situación actual as divisións e enfrontamentos só comportan e carrexan retroceso e vulnerabilidade ante as adversidades dun mundo globalizado.

Por iso quédome co modelo de patriotas que representan as persoas premiadas este domingo e os moitos galegos anónimos que cada día seguen traballando poñendo en valor as nosas peculiaridades dentro dun modelo de convivencia exemplar en calquera recuncho do mundo onde se atopen.

miércoles, 13 de julio de 2016

En contra del mundo

En este mundo hay personas que de manera anónima y altruista hacen mucho bien al resto de la humanidad. Son personas que no buscan ganar un premio, ni acumular más dinero, ni un diploma o trofeo. Su mayor recompensa es sentirse útiles ayudando a quienes más lo necesitan, y en ello encuentran el reconocimiento que en muchas ocasiones la sociedad les niega mirando para otro lado.

Pero también existen seres despreciables que solo piensan en ellos mismos, que son capaces de retorcer voluntades para inclinar la balanza a su favor, que quieren las cosas por el mero hecho de que otros no las tengan aunque no sepan qué hacer con ellas, personas envidiosas, egoístas y dañinas en cualquier colectividad.

En la política como en cualquier campo de la vida también hay de todo, buenos y generosos, pero también ignorantes, imbéciles y oscuros, como reza nuestro himno gallego.

Entre este último grupo se encuadran aquellos que han hecho de la negación su bandera e ideario, que solo han aprendido a conjugar el verbo negar, que solo saben repetir el “no” las veces que haga falta, que ya no escuchan consejos ni de sus compañeros más prestigiados.

Son como aquellos que al perder odian a quien les ganó, que por no colmar su obsesión de poder, zancadillean sin cesar a quienes legitimados por una amplia dosis de confianza en forma de votos y escaños deben gobernar nuestro país. Me recuerdan a aquellos niños que se agarraban una tremenda rabieta cuando otros de la clase recibían el premio que ellos querían para sí aunque no lo merecieran.

Pero aquí no hablamos de niños enrabietados, hablamos de respeto a las normas básicas de la democracia y de la convivencia política que durante casi 40 años hemos venido respetando en España, desde aquellas elecciones históricas del 77 que supusieron el inicio de una transición a la democracia en la que lo que más contribuyó a su éxito fue la generosidad de sus protagonistas principales y de la sociedad en general.

Hoy por el contrario escasean aquellos perfiles políticos y algunos como Pedro Sánchez están empeñados en interpretar el papel contrario al que los españoles nos han asignado para representarles y trabajar por mejorar sus condiciones de vida.

Nunca tuve muchas esperanzas de que el secretario general de los socialistas españoles recobrara el sentido común después del segundo aviso que le dieron las urnas. La primera en la cara y la segunda en la frente. Él, impávido, resentido y rezumando ambición disparatada por todos sus poros, sigue con su canción favorita, no, no y no.

Se equivoca con su obstinación, con su postura de ir contra el mundo, y muchos de los que egoístamente lo apoyan saben que con esa actitud ni se van a beneficiar ellos ni benefician a España. Están contra el mundo y el mundo estará contra ellos. Actitud similar a la de los que te quitan lo que te corresponde no para disfrutarlo sino para que tú no lo tengas, son como aquellos “homes, homiños que nin medran nin deixan medrar”.

En contra do mundo

Neste mundo hai persoas que de maneira anónima e altruísta fan moito ben ao resto da humanidade. Son persoas que non buscan gañar un premio, nin acumular máis diñeiro, nin un diploma ou trofeo. A súa maior recompensa é sentirse útiles axudando a quen máis o necesitan, e niso atopan o recoñecemento que en moitas ocasións a sociedade négalles mirando para outro lado.

Pero tamén existen seres despreciables que só pensan neles mesmos, que son capaces de retorcer vontades para inclinar a balanza ao seu favor, que queren as cousas polo mero feito de que outros non as teñan aínda que non saiban que facer con elas, persoas envexosas, egoístas e daniñas en calquera colectividade.

Na política como en calquera campo da vida tamén hai de todo, bos e xenerosos, pero tamén ignorantes, imbéciles e escuros, como reza o noso himno galego.

Entre este último grupo encádranse aqueles que fixeron da negación a súa bandeira e ideario, que só aprenderon a conxugar o verbo negar, que só saben repetir o ?non? as veces que faga falta, que xa non escoitan consellos nin dos seus compañeiros máis prestixiados.

Son como aqueles que ao perder odian a quen lles gañou, que por non colmar a súa obsesión de poder, zancadillean sen cesar a quen lexitimado por unha ampla dose de confianza en forma de votos e escanos deben gobernar o noso país. Lémbranme a aqueles nenos que se agarraban unha tremenda rabieta cando outros da clase recibían o premio que eles querían para si aínda que non o merecesen.

Pero aquí non falamos de nenos enrabietados, falamos de respecto ás normas básicas da democracia e da convivencia política que durante case 40 anos viñemos respectando en España, desde aquelas eleccións históricas do 77 que supuxeron o inicio dunha transición á democracia na que o que máis contribuíu ao seu éxito foi a xenerosidade dos seus protagonistas principais e da sociedade en xeral.

Hoxe pola contra escasean aqueles perfís políticos e algúns como Pedro Sánchez están empeñados en interpretar o papel contrario ao que os españois nos han asignado para representarlles e traballar por mellorar as súas condicións de vida.

Nunca tiven moitas esperanzas de que o secretario xeral dos socialistas españois recobrase o sentido común despois do segundo aviso que lle deron as urnas. A primeira na cara e a segunda na fronte. El, impávido, resentido e rezumando ambición disparatada por todos os seus poros, segue coa súa canción favorita, non, non e non.

Equivócase coa súa obstinación, coa súa postura de ir contra o mundo, e moitos dos que egoistamente apóiano saben que con esa actitude nin se van a beneficiar eles nin benefician a España. Están contra o mundo e o mundo estará contra eles. Actitude similar á dos que che quitan o que che corresponde non para gozalo senón para que ti non o teñas, son como aqueles “homes, homiños que nin medran nin deixan medrar”.
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