miércoles, 18 de octubre de 2017

Dolor por mi tierra

Cuando escribo estas líneas en Galicia se lucha por apagar el último y más grave ataque incendiario sufrido en los últimos años, con cuatro victimas mortales y cuantiosos daños en sus bosques y espacios naturales. Galicia está de luto y los gallegos muy doloridos.

Muchos gallegos no olvidarán la angustia vivida la noche del pasado domingo, bien porque tenían las llamas muy cerca de sus viviendas o porque temían por la suerte de familiares y amigos. 

El presidente de la Xunta ha hablado claro, “Galicia no arde sola. A Galicia la queman”. Pronunciaba esta palabras este lunes tras convocar un Consejo extraordinario y urgente y valorando lo que se estaba viviendo en las últimas horas. 

Es cierto que errores humanos y descuidos han provocado más de un incendio, especialmente en épocas en las que la climatología adversa colabora con la propagación de las llamas. Pero no lo es menos que en la mayoría de las ocasiones en las que se inicia un fuego en el monte, la mano intencionada de alguien siempre está detrás, y este pasado domingo no hubo casualidades, tantas casualidades, ese día ha existido una clarísima intencionalidad de provocar el mayor daño posible, no solo al monte sino en aldeas, pueblos y ciudades. 

Lo cierto es que estos terroristas incendiarios han conseguido hacer mucho daño. Lo han causado en nuestro patrimonio natural y lo que es más grave, han causado pérdidas de vidas humanas. Siempre actúan con nocturnidad y alevosía, aprovechando las horas de la caída del sol para que los medios aéreos no puedan actuar, este domingo se provocaron decenas de incendios en esas horas. No pierden la ocasión de causar estos graves daños siempre que la climatología extrema está de su parte. Y este fin de semana ha habido premeditación y conocimiento de cómo, cuándo y dónde causar el mayor daño posible.

Pero además de estos daños, de por sí muy graves, también existe otro tipo de intencionalidad, la de personas ruines que utilizan cualquier tipo de desgracia para inmediatamente sacar provecho. Es deplorable ver y constatar como algunos partidos políticos como En Marea en sus páginas web o a través de las redes sociales, en plena lucha de la población y de los equipos anti-incendios por detener el avance de las llamas, se dedicaron a actualizar el listado de manifestaciones que convocaban para este pasado lunes. Otros aprovechaban para por medio de mensajes falsos crear mayor alarma en la población, contribuyendo así a agrandar y la confusión y desesperación lo que en modo alguno ayuda a resolver estas situaciones.

En definitiva, Galicia ha sufrido un nuevo ataque de los terroristas incendiarios a los que estoy seguro se perseguirán y detendrán, para después de ser juzgados verlos cumplir por estos crueles actos de enorme cobardía.

Mi enorme reconocimiento y gratitud a todos los que trabajan como héroes anónimos en la defensa de nuestros montes y de nuestras vidas. Ellos, como nosotros los gallegos, compartimos la indignación y el dolor por Galicia, mi tierra. 

Dor pola miña terra.

Cando escribo estas liñas en Galicia lóitase por apagar o último e máis grave ataque incendiario sufrido nos últimos anos, con catro vítimas mortais e cuantiosos danos nos seus bosques e espazos naturais. Galicia está de loito e os galegos moi doentes.

Moitos galegos non esquecerán a angustia vivida a noite do pasado domingo, ben porque tiñan as chamas moi preto das súas vivendas ou porque temían pola sorte de familiares e amigos. 

O presidente da Xunta falou claro, “Galicia non arde soa. A Galicia quéimana”. Pronunciaba esta palabras este luns tras convocar un Consello extraordinario e urxente e valorando o que se estaba vivindo nas últimas horas. 

É certo que erros humanos e descoidos provocaron máis dun incendio, especialmente en épocas nas que a climatoloxía adversa colabora coa propagación das chamas. Pero non o é menos que na maioría das ocasións nas que se inicia un lume no monte, a man intencionada de alguén sempre está detrás, e este pasado domingo non houbo casualidades, tantas casualidades, ese día existiu unha clarísima intencionalidade de provocar o maior dano posible, non só ao monte senón en aldeas, pobos e cidades. 

O certo é que estes terroristas incendiarios han conseguido facer moito dano. Causárono no noso patrimonio natural e o que é máis grave, causaron perdas de vidas humanas. Sempre actúan con nocturnidade e aleivosía, aproveitando as horas da caída do sol para que os medios aéreos non poidan actuar, este domingo provocáronse decenas de incendios nesas horas. Non perden a ocasión de causar estes graves danos sempre que a climatoloxía extrema está do seu parte. E este fin de semana houbo premeditación e coñecemento de como, cando e onde causar o maior dano posible.

Pero ademais destes danos, de seu moi graves, tamén existe outro tipo de intencionalidade, a de persoas ruíns que utilizan calquera tipo de desgraza para inmediatamente sacar proveito. É deplorable ver e constatar como algúns partidos políticos como En Marea nas súas páxinas web ou a través das redes sociais, en plena loita da poboación e dos equipos anti-incendios por deter o avance das chamas, dedicáronse a actualizar a listaxe de manifestacións que convocaban para este pasado luns. Outros aproveitaban para por medio de mensaxes falsas crear maior alarma na poboación, contribuíndo así a agrandar e a confusión e desesperación o que de ningún xeito axuda a resolver estas situacións.

En definitiva, Galicia sufriu un novo ataque dos terroristas incendiarios aos que estou seguro perseguiranse e deterán, para despois de ser xulgados velos cumprir por estes crueis actos de enorme covardía.

O meu enorme recoñecemento e gratitude a todos os que traballan como heroes anónimos na defensa dos nosos montes e das nosas vidas. Eles, como nós os galegos, compartimos a indignación e a dor por Galicia, a miña terra.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Estado de preocupación

Es imposible evadir la responsabilidad de volver a escribir sobre un asunto que por cansino y reiterado no deja de ser grave y preocupante. Cuando hace quince días desde estas mismas páginas arriesgaba a pronosticar lo que podría ocurrir en Cataluña durante estas semanas y en referencia a la actitud de sus actuales gobernantes dije que “solo practican el enfrentamiento, ya solo utilizan la táctica de la provocación para que se tenga que actuar con medios y medidas que a ojos de quienes no conozcan al detalle lo que está pasando puedan invertir la situación”. 

Cuando escribí tales cosas he de reconocer que lo hice sabiendo que la violencia era lo que querían provocar, que el papel de victimas era el que más convenía a quienes desde hace tiempo tienen trazada su hoja de ruta con un único propósito: declarar unilateralmente la independencia de Cataluña. Los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad han sabido aguantar provocaciones muy fuertes, agresiones, violaciones de la Ley, pedradas y otras infamias que solo profesionales auténticos saben sobrellevar.

Frente a esto, algunos han tenido la poca vergüenza de seguir mintiendo, de culpar de lo ocurrido a Rajoy y al gobierno de España. Ya lo dije “que parezca que los provocadores y violadores de muchas leyes sean los buenos, mientras que aquellos que velan por el cumplimiento de la Ley y los derechos de todos los españoles resulten ser los malos de la película”.

Los secesionistas ya tuvieron su fiesta, ya demostraron cual es su concepto de la democracia y de la libertad de expresión. Violaron las leyes, las sentencias del Tribunal Constitucional, parodiaron de manera ruin y burlesca el acto de votar sin controles, con urnas llenas de papeletas antes de comenzar la apertura de las mesas, con su policia autonómica mirando para otro lado. Todo lo que se quiera añadir completa un cuadro kafkiano y propio de regímenes autoritarios.

Pero todo esto ya pasó y ahora lejos de poner fin a un recital de graves desobediencias y de burlar las leyes, el conductor del autobús que lleva dentro al pueblo de cataluña, que sigue guiándolo de manera temeraria y saltándose todos los semáforos en rojo se acerca al precipicio sin intención de frenar. Ésta es la situación. Han roto la paz social y la convivencia por mucho tiempo. Seguirán violentándola con huelgas, manifestaciones, acosos y escraches a todos los que no participen de su estrategia, han roto en dos mitades esa tierra.

Cuando escribo estas líneas todavía es incierto el camino, pero todo hace prever que las aguas no volverán todavía a sus cauces. Que llegados a estas alturas la marcha atrás no entra en sus planes y que el Gobierno de la Nación tendrá que aplicar medidas previstas en nuestro Estado de Derecho de las que hasta ahora se intentó no echar mano. Estoy convencido de que no habrá otra alternativa y que los tiempos duros que se avecinan servirán para demostrar la catadura moral de algunos políticos más interesados en que caiga el gobierno de Rajoy y el sistema reviente, que en restablecer el orden constitucional. 

Son tiempos tristes que ninguno pensamos llegar a vivir. Estamos en estado de preocupación. 

Estado de preocupación

É imposible evadir a responsabilidade de volver escribir sobre un asunto que por pousado e reiterado non deixa de ser grave e preocupante. Cando fai quince días desde estas mesmas páxinas arriscaba a prognosticar o que podería ocorrer en Cataluña durante estas semanas e en referencia á actitude dos seus actuais gobernantes dixen que “só practican o enfrontamento, xa só utilizan a táctica da provocación para que se teña que actuar con medios e medidas que a ollos de quen non coñezan ao detalle o que está a pasar poidan investir a situación”. 

Cando escribín tales cousas hei de recoñecer que o fixen sabendo que a violencia era o que querían provocar, que o papel de victimas era o que máis conviña a quen desde hai tempo teñen trazada a súa folla de ruta cun único propósito: declarar unilateralmente a independencia de Cataluña. Os membros dos corpos e forzas de seguridade souberon aguantar provocacións moi fortes, agresións, violacións da Lei, pedradas e outras infamias que só profesionais auténticos saben soportar.

Fronte a isto, algúns tiveron a pouca vergoña de seguir mentindo, de culpar do ocorrido a Rajoy e ao goberno de España. Xa o dixen “que pareza que os provocadores e violadores de moitas leis sexan os bos, mentres que aqueles que velan polo cumprimento da Lei e os dereitos de todos os españois resulten ser os malos da película”.

Os secesionistas xa tiveron a súa festa, xa demostraron cal é o seu concepto da democracia e da liberdade de expresión. Violaron as leis, as sentenzas do Tribunal Constitucional, parodiaron de maneira ruin e burlesca o acto de votar sen controis, con urnas cheas de papeletas antes de comezar a apertura das mesas, coa súa policia autonómica mirando para outro lado. Todo o que se queira engadir completa un cadro kafkiano e propio de réximes autoritarios.

Pero todo isto xa pasou e agora lonxe de poñer fin a un recital de graves desobediencias e de burlar as leis, o condutor do autobús que leva dentro ao pobo de cataluña, que segue guiándoo de maneira temeraria e saltándose todos os semáforos en vermello achégase ao precipicio sen intención de frear. Esta é a situación. Romperon a paz social e a convivencia por moito tempo. Seguirán violentándoa con folgas, manifestacións, acosos e escraches a todos os que non participen da súa estratexia, romperon en dúas metades esa terra.

Cando escribo estas liñas aínda é incerto o camiño, pero todo fai prever que as augas non volverán aínda ás súas canles. Que chegados a estas alturas a marcha atrás non entra nos seus plans e que o Goberno da Nación terá que aplicar medidas previstas no noso Estado de Dereito das que ata agora tentouse non botar man. Estou convencido de que non haberá outra alternativa e que os tempos duros que se aveciñan servirán para demostrar a catadura moral dalgúns políticos máis interesados en que caia o goberno de Rajoy e o sistema rebente, que en restablecer a orde constitucional. 

Son tempos tristes que ningún pensamos chegar a vivir. Estamos en estado de preocupación.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Grandes dosis de sentidiño

Tratar el tema del que más se está escribiendo en estas últimas semanas en España tiene riesgos inevitables. Por un lado porque casi todo está contado y en ocasiones muy bien contado, y por otro porque lo que se escriba hoy puede que mañana quede ya desactualizado. Son tantos los acontecimientos y tanta la rapidez con que acontecen que incluso resulta difícil su asimilación.

Que el tema catalán es grave nadie lo pone en duda. Que genera hartazgo en gran parte de la sociedad tampoco. La cadena de despropósitos y sinsentidos, aunque parezca agotada, todavía no dejará de sorprendernos en los próximos días. 

Hace tiempo que dije que la pandilla de separatistas que dirigen a Cataluña hacia las sombras se habían metido ellos solos en un callejón sin salida del que ni quieren ni saben salir. Primero convocan un referéndum de espaldas a su propio Parlamento, de manera unilateral, a toda prisa, sustrayendo los derechos más elementales a la oposición, con absoluta falta de transparencia y de respeto a las más básicas normas de convivencia en democracia. En resumen, actuando de manera más parecida a una dictadura que a otra cosa.

A estas alturas ya solo buscan el choque de trenes, un conflicto que perjudicando a todos, lo hará en grado superlativo a los promotores de semejante disparate. Solo practican el enfrentamiento, ya solo utilizan la táctica de la provocación para que se tenga que actuar con medios y medidas que a ojos de quienes no conozcan al detalle lo que está pasando puedan invertir la situación: que parezca que los provocadores y violadores de muchas leyes sean los buenos, mientras que aquellos que velan por el cumplimiento de la Ley y los derechos de todos los españoles resulten ser los malos de la película.

Son muchos los que desde hace tiempo quieren ver a los irresponsables que dirigen estas maniobras separatistas metidos entre rejas después de ser detenidos y juzgados. Entiendo su perplejidad, pero les invito a serenarse y a comprobar en pocos días como todo el peso del Estado de Derecho caerá sin duda alguna sobre ellos. Nadie debe esperar otra cosa. Como ya ha dicho Rajoy “nos van a obligar a lo que no queremos llegar”. Porque ya no buscan otra cosa que desobedecer las normas democráticas y protagonizar un pitorreo bravucón, que acabará por recibir esa respuesta oportuna y proporcionada. Que nadie lo dude.

En estos difíciles momentos de nuestra historia democrática que nos ha tocado vivir se echa en falta una de las mejores medicinas para curar tanta locura, una medicina que en Galicia conocemos y utilizamos con profunda mesura: el “sentidiño”. Es algo más que el sentido común o que tener buena suerte. Es la prudencia, es huir de aquellos que nos han engañado ya, es moderación, es apartarse de la provocación, el enfrentamiento o el exceso de protagonismo.

La situación generada en Cataluña se resuelve aplicando, como ya se está haciendo, todas y cada una de las respuestas jurídicas y políticas que prevé la Constitución, pero también con el rechazo a tanto dislate por parte de la sociedad silenciosa catalana, y sobre todo con mucho, mucho sentidiño por parte de todos. 

Grandes doses de ‘’sentidiño’’

Tratar o tema do que máis se está a escribir nestas últimas semanas en España ten riscos inevitables. Por unha banda porque case todo está contado e en ocasións moi ben contado, e por outro porque o que se escriba hoxe poida que mañá quede xa desactualizado. Son tantos os acontecementos e tanta a rapidez con que acontecen que mesmo resulta difícil a súa asimilación.

Que o tema catalán é grave ninguén o pon en dúbida. Que xera fartura en gran parte da sociedade tampouco. A cadea de despropósitos e sensentidos, aínda que pareza esgotada, aínda non deixará de sorprendernos nos próximos días. 

Hai tempo que dixen que a cuadrilla de separatistas que dirixen a Cataluña cara ás sombras metéronse eles sós nun canellón sen saída do que nin queren nin saben saír. Primeiro convocan un referendo de costas ao seu propio Parlamento, de maneira unilateral, a fume de carozo, subtraendo os dereitos máis elementais á oposición, con absoluta falta de transparencia e de respecto ás máis básicas normas de convivencia en democracia. En resumo, actuando de maneira máis parecida a unha ditadura que a outra cousa.

A estas alturas xa só buscan o choque de trens, un conflito que prexudicando a todos, farao en grao superlativo aos promotores de semellante disparate. Só practican o enfrontamento, xa só utilizan a táctica da provocación para que se teña que actuar con medios e medidas que a ollos de quen non coñezan ao detalle o que está a pasar poidan investir a situación: que pareza que os provocadores e violadores de moitas leis sexan os bos, mentres que aqueles que velan polo cumprimento da Lei e os dereitos de todos os españois resulten ser os malos da película.

Son moitos os que desde hai tempo queren ver aos irresponsables que dirixen estas manobras separatistas metidos entre reixas despois de ser detidos e xulgados. Entendo a súa perplexidade, pero convídolles a serenarse e a comprobar en poucos días como todo o peso do Estado de Dereito caerá sen ningunha dúbida sobre eles. Ninguén debe esperar outra cousa. Como xa dixo Rajoy “van obrigar ao que non queremos chegar”. Porque xa non buscan outra cousa que desobedecer as normas democráticas e protagonizar un pitorreo bravucón, que acabará por recibir esa resposta oportuna e proporcionada. Que ninguén o dubide.

Nestes difíciles momentos da nosa historia democrática que nos tocou vivir bótase en falta unha das mellores medicinas para curar tanta tolemia, unha medicina que en Galicia coñecemos e utilizamos con profunda mesura: o “sentidiño”. É algo máis que o sentido común ou que ter boa sorte. É a prudencia, é fuxir daqueles que nos enganaron xa, é moderación, é apartarse da provocación, o enfrontamento ou o exceso de protagonismo.

A situación xerada en Cataluña resólvese aplicando, como xa se está facendo, todas e cada unha das respostas xurídicas e políticas que prevé a Constitución, pero tamén co rexeitamento a tanto dislate por parte da sociedade silenciosa catalá, e sobre todo con moito, moito sentidiño por parte de todos.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Síndromes

No hay mes de septiembre en el que los diferentes medios informativos no dediquen amplios espacios a recordarnos los conocidos síntomas y remedios del mal que suele afectar a cuantos después de disfrutar de unas semanas de vacaciones retornan a sus quehaceres diarios en sus puestos de trabajo.

Consultada la definición que se suele dar al llamado síndrome postvacacional me he quedado con esta: “el estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, produciendo molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento”.

Reconozco que una de las cosas que más me gustan de las vacaciones es la menor exposición a las pantallas de la televisión y de los ordenadores, aunque siempre quede el teléfono.

Durante el pasado agosto ha resultado inevitable seguir enterándonos de nuevas y continuas muertes por violencia de género; de los desvaríos de los gobernantes nacionalistas, separatistas o como quieran autodenominarse, empeñados en una locura sin retorno en la que arrastran a muchos ciudadanos como rehenes de una pesadilla que saben imposible pero sin disposición a rectificar; de muertes horribles como la de la mujer que pocos minutos después de traer al mundo una nueva vida perdía la suya en un ascensor del propio hospital debido a algo más que a una fatalidad; de las numerosas desgracias y muertes causadas por tormentas, inundaciones, avalanchas de tierra, tornados… que han dejado tantas vidas rotas o sin hogar a miles de personas en el mundo; de ahogamientos en ríos, playas o piscinas; de las desapariciones de jóvenes todavía sin resolver; de la muerte de un niño autista infartado por el horror que vieron sus ojos; y por si estos ejemplos no bastaran para romper el deseado relax en tiempos de descanso físico y emocional, los demonios del terrorismo yihadista, terrorismo que ponía fin a las vidas, demasiadas vidas, de tranquilos transeúntes que disfrutaban de sus vacaciones, dejando malheridos a otros muchos y con un recuerdo imborrable en cuantos amamos la libertad y luchamos por defenderla.

Por estas razones no padezco el síndrome postvacacional, porque estas cosas nos acompañan también en agosto y en el resto del año, porque aunque queramos desconectar estos sucesos nos recuerdan en qué mundo vivimos y dónde estamos.

También porque estoy deseando ver cómo tras este frágil paréntesis estival ha llegado el tiempo de poner fin a los dislates de los que quieren romper nuestro modelo de convivencia democrática, nuestras normas y reglas de juego. Poner fin a esta tragicomedia y dedicar toda la energía a resolver, o al menos intentarlo, los problemas que más preocupan al conjunto de la sociedad en la que vivimos, para que durante los próximos meses los medios de comunicación no tengan que relatar nuevos asesinatos de mujeres, negligencias con resultado de muerte, o de inseguridad en la lucha contra quienes quieren hacer en Occidente su nueva guerra santa. Puede que por esto no tenga este síndrome. Ojalá lo tuviese.

Síndromes

Non hai mes de setembro no que os diferentes medios informativos non dediquen amplos espazos a lembrarnos os coñecidos síntomas e remedios do mal que adoita afectar a cuantos despois de gozar dunhas semanas de vacacións retornan aos seus quefaceres diarios nos seus postos de traballo.

Consultada a definición que se adoita dar á chamada síndrome posvacacional quedeime con esta: “o estado que se produce no traballador ao fracasar o proceso de adaptación entre un período de vacacións e de lecer coa volta á vida activa, producindo molestias que nos fan responder as nosas actividades rutineiras cun menor rendemento”.

Recoñezo que unha das cousas que máis me gustan das vacacións é a menor exposición ás pantallas da televisión e dos computadores, aínda que sempre quede o teléfono.

Durante o pasado agosto resultou inevitable seguir decatándonos de novas e continuas mortes por violencia de xénero; dos desvaríos dos gobernantes nacionalistas, separatistas ou como queiran autodenominarse, empeñados nunha tolemia sen retorno na que arrastran a moitos cidadáns como reféns dun pesadelo que saben imposible pero sen disposición a rectificar; de mortes horribles como a da muller que poucos minutos despois de traer ao mundo unha nova vida perdía a súa nun ascensor do propio hospital debido a algo máis que a unha fatalidade; das numerosas desgrazas e mortes causadas por tormentas, inundacións, avalanchas de terra, tornados? que deixaron tantas vidas rotas ou sen fogar a miles de persoas no mundo; de ahogamientos en ríos, praias ou piscinas; das desaparicións de mozas aínda sen resolver; da morte dun neno autista infartado polo horror que viron os seus ollos; e por se estes exemplos non bastasen para romper o desexado relax en tempos de descanso físico e emocional, os demos do terrorismo yihadista, terrorismo que poñía fin ás vidas, demasiadas vidas, de tranquilos transeúntes que gozaban das súas vacacións, deixando malferidos a outros moitos e cun recordo indeleble en cuantos amamos a liberdade e loitamos por defendela.

Por estas razóns non padezo a síndrome postvacacional, porque estas cousas acompáñannos tamén en agosto e no resto do ano, porque aínda que queiramos desconectar estes sucesos lémbrannos en que mundo vivimos e onde estamos.

Tamén porque estou a desexar ver como tras esta fráxil paréntese estival chegou o tempo de poñer fin aos dislates dos que queren romper o noso modelo de convivencia democrática, as nosas normas e regras de xogo. Poñer fin a esta traxicomedia e dedicar toda a enerxía a resolver, ou polo menos tentalo, os problemas que máis preocupan ao conxunto da sociedade na que vivimos, para que durante os próximos meses os medios de comunicación non teñan que relatar novos asasinatos de mulleres, neglixencias con resultado de morte, ou de inseguridade na loita contra quen quere facer en Occidente a súa nova guerra santa. Poida que por isto non teña esta síndrome. Oxalá o tivese.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Confundir deseos con realidad

Han transcurrido pocas fechas desde que el terrorismo volvió a hacer mella en España, esta vez en las ciudades de Barcelona y Cambrils. Desde ese 17-A como ya será recordado, muchas han sido las fotos y las palabras que han dibujado un panorama donde la frontera entre lo políticamente correcto y la realidad no ha dejado de ir descubriendo sus grietas.

Si algo se ha reiterado una vez más ante estas dramáticas situaciones es la necesidad de dar respuestas de unidad ante aquellos que pretenden acabar con nuestro modelo de convivencia y de libertad. Pero ese deseo ha sido truncado por personas que ostentando responsabilidades políticas de alto nivel no han dudado en volver a utilizar el dolor y la tragedia como arma arrojadiza o como estandarte en la defensa de sus intereses partidistas. Todo lo contrario a lo que estas situaciones requieren y a la necesidad de estar todos unidos frente a los criminales y asesinos que nos acechan desde hace tiempo, porque nuestra unión es su debilidad.

Sirvan solo como ejemplos las palabras del consejero de interior de la Generalidad de la Comunidad Autónoma de Cataluña cuando haciendo balance de las victimas diferenciaba estas entre víctimas catalanas y víctimas de nacionalidad española. O las declaraciones de la Asamblea Nacional Catalana reclamando que no se utilizara la bandera española en las muestras de solidaridad en las redes sociales.

Yo mismo recibí en Twitter recriminaciones e insultos por poner un tuit con nuestra bandera de España. Quizás olvidaron que cuando Francia, Reino Unido o Alemania sufrieron recientemente ataques terroristas y las redes se solidarizaban con su dolor, las banderas que todos utilizamos fueron las de esas naciones y no las de las ciudades o provincias respectivas.

También resultaron despreciables las palabras de aquellos que calificaron el atentado como un atropello, como si hablasen de un accidente de tráfico, y que afortunadamente chocaron frontalmente con las de nuestro Rey, el que habló más claro: ”Son unos asesinos, simplemente unos criminales que no nos van a aterrorizar. Toda España es Barcelona.”

Es por ello que esa deseada y necesaria unidad de acción y de reacción es hoy por hoy más un deseo que una autentica realidad y la política que algunos practican volvió a dejar al descubierto las miserias de personas más preocupadas por resaltar el hecho diferencial catalán, de sacar rédito político, que de ayudar en las tragedias personales y familiares de los asesinados y de los que a día de hoy siguen luchando entre la vida y la muerte. Cada cual muestra su autentica catadura moral. 

La unidad que vimos en la concentración de la plaza de Cataluña con el Rey, el presidente del gobierno y el de la Generalidad es una imagen necesaria que debe ser algo más que una imagen y reflejar una realidad que algunos parecen empeñados en impedir. Y ya se sabe que dos no pueden si uno no quiere.

De cómo actuemos todos en estos difíciles momentos dependerá si podremos salir reforzados como nación o con heridas difíciles de curar en nuestro modelo de convivencia.


Confundir desexos con realidade

Transcorreron poucas datas desde que o terrorismo volveu facer madeixa en España, esta vez nas cidades de Barcelona e Cambrils. Desde ese 17-A como xa será lembrado, moitas foron as fotos e as palabras que debuxaron un panorama onde a fronteira entre o politicamente correcto e a realidade non deixou de ir descubrindo as súas gretas.

Se algo se reiterou unha vez máis ante estas dramáticas situacións é a necesidade de dar respostas de unidade ante aqueles que pretenden acabar co noso modelo de convivencia e de liberdade. Pero ese desexo foi truncado por persoas que ostentando responsabilidades políticas de alto nivel non dubidaron en volver utilizar a dor e a traxedia como arma arreboladiza ou como estandarte na defensa dos seus intereses partidistas. Todo o contrario ao que estas situacións requiren e á necesidade de estar todos unidos fronte aos criminais e asasinos que nos axexan desde hai tempo, porque a nosa unión é a súa debilidade.

Sirvan só como exemplos as palabras do conselleiro de interior da Xeneralidade da Comunidade Autónoma de Cataluña cando facendo balance das victimas diferenciaba estas entre vítimas catalás e vítimas de nacionalidade española. Ou as declaracións da Asemblea Nacional Catalá reclamando que non se utilizase a bandeira española nas mostras de solidariedade nas redes sociais.

Eu mesmo recibín en Twitter recriminacións e insultos por poñer un tuit coa nosa bandeira de España. Quizais esqueceron que cando Francia, Reino Unido ou Alemaña sufriron recentemente ataques terroristas e as redes solidarizábanse coa súa dor, as bandeiras que todos utilizamos foron as desas nacións e non as das cidades ou provincias respectivas.

Tamén resultaron despreciables as palabras daqueles que cualificaron o atentado como un atropelo, coma se falasen dun accidente de tráfico, e que afortunadamente chocaron frontalmente coas do noso Rey, o que falou máis claro: “Son uns asasinos, simplemente uns criminais que non nos van a aterrorizar. Toda España é Barcelona.”

É por iso que esa desexada e necesaria unidade de acción e de reacción é neste momento máis un desexo que unha autentica realidade e a política que algúns practican volveu deixar ao descuberto as miserias de persoas máis preocupadas por resaltar o feito diferencial catalán, de sacar rédito político, que de axudar nas traxedias persoais e familiares dos asasinados e dos que a día de hoxe seguen loitando entre a vida e a morte. Cada cal mostra o seu autentica catadura moral. 

A unidade que vimos na concentración da praza de Cataluña co Rey, o presidente do goberno e o da Xeneralidade é unha imaxe necesaria que debe ser algo máis que unha imaxe e reflectir unha realidade que algúns parecen empeñados en impedir. E xa se sabe que dous non poden se uno non quere.

De como actuemos todos nestes difíciles momentos dependerá se poderemos saír reforzados como nación ou con feridas difíciles de curar no noso modelo de convivencia.

miércoles, 9 de agosto de 2017

¡Bienvenidos turistas!

Sobre la fachada del ayuntamiento de Madrid desde hace meses cuelga una gigantesca pancarta con el lema “Refugees welcome”. El lema tiene más de propaganda política que de reflejo de un sentimiento sincero o de la realidad. Mientras esto se anuncia queriéndonos hacer ver que cualquier refugiado que se acerque a la capital de España recibirá una calurosa bienvenida y ayuda para rehacer vidas truncadas en sus países de origen por las guerras u otras miserias humanas, la realidad es bien distinta como recogían las noticias de hace pocos días relatando las dificultades de decenas de refugiados viviendo en descampados y parques de esa ciudad.

Ahora los elementos más radicales de movimientos políticos vinculados a partidos nacionalistas, con el silencio e inacción o la simpatía de formaciones como Podemos, los mismos que gobiernan ayuntamientos como los de Madrid o Barcelona, han puesto en marcha en diferentes puntos de España una terrible campaña bajo el lema de “Tourist go home!”, algo que ya esta cogiendo cuerpo a pesar de los pocos días que lleva en marcha y que ha dado lugar el fenómeno de la “turismofobia”. En dos palabras, echar a los turistas de nuestro país.

Quienes así piensan y actúan no pueden responder más que a patrones antisistema, que buscan cualquier objetivo o excusa para cargarse nuestra convivencia, nuestra economía y fuente importante de empleo y nuestro prestigio exterior como nación.

Conviene recordar en este punto que a pesar de algunos problemas derivados del turismo, que nadie debe negar y todos tratar de solucionar, esta actividad trae a España a más de 70 millones de personas al año que consumen en restaurantes y terrazas, pagan alojamientos y transportes, hacen compras y se llevan en general una buena imagen de nuestro país que sirve también para afianzar la “marca España” en el exterior.

Por ello demos la bienvenida a quienes llegan a nuestro territorio, se alojan en campings, pensiones u hoteles, alquilan apartamentos y vehículos, llenan nuestras terrazas de playa o interior, reservan mesas en bares y restaurantes, realizan excursiones guiadas, entran en museos e iglesias, toman el sol en nuestras playas grandes y pequeñas bañadas por cálidas aguas o algo más frías, recorren los caminos a Santiago o asisten a los infinitos festivales o eventos gastronómicos, culturales o musicales en todos los rincones de nuestra geografía. A todos ellos y a muchos otros les estoy agradecido por elegir España para sus vacaciones o viajes de ocio o negocio. Todos están contribuyendo a un éxito económico que supera el 11 por ciento del PIB además del citado valor internacional que mucho países desearían para ellos.

Quienes han declarado la guerra al turista, a la principal industria en España, quieren un modelo social basado en la tribu, donde todo lo que venga de fuera representa una amenaza a combatir. Estos cachorros independentistas radicales y abertzales, no son mas que destructores del sistema liberal y capitalista que van buscando de paso derrocar al gobierno a cualquier precio, e impedir que España siga creciendo ya que saben muy bien que solo en un escenario de pobreza y frustración conseguirían sus objetivos .

A pesar de ellos y del daño que ya están haciendo somos muchos los que decimos “Bienvenidos turistas”.

Benvidos turistas!


Sobre a fachada do concello de Madrid desde hai meses colga unha xigantesca pancarta co lema “Refugees welcome”. O lema ten máis de propaganda política que de reflexo dun sentimento sincero ou da realidade. Mentres isto anúnciase queréndonos facer ver que calquera refuxiado que se achegue á capital de España recibirá unha calorosa benvida e axuda para refacer vidas truncadas nos seus países de orixe polas guerras ou outras miserias humanas, a realidade é ben distinta como recollían as noticias de hai poucos días relatando as dificultades de decenas de refuxiados vivindo en escampados e parques desa cidade.

Agora os elementos máis radicais de movementos políticos vinculados a partidos nacionalistas, co silencio e inacción ou a simpatía de formacións como Podemos, os mesmos que gobernan concellos como os de Madrid ou Barcelona, puxeron en marcha en diferentes puntos de España unha terrible campaña baixo o lema de “Tourist go home!”, algo que xa esta collendo corpo a pesar dos poucos días que leva en marcha e que deu lugar o fenómeno da “turismofobia”. En dúas palabras, botar aos turistas do noso país.

Quen así pensan e actúan non poden responder máis que a patróns antisistema, que buscan calquera obxectivo ou escusa para cargarse a nosa convivencia, a nosa economía e fonte importante de emprego e o noso prestixio exterior como nación.

Convén lembrar neste punto que a pesar dalgúns problemas derivados do turismo, que ninguén debe negar e todos tratar de solucionar, esta actividade trae a España a máis de 70 millóns de persoas ao ano que consomen en restaurantes e terrazas, pagan aloxamentos e transportes, fan compras e levan en xeral unha boa imaxe do noso país que serve tamén para afianzar a “marca España” no exterior.

Por iso deamos a benvida a quen chega ao noso territorio, alóxanse en cámpings, pensións ou hoteis, alugan apartamentos e vehículos, enchen as nosas terrazas de praia ou interior, reservan mesas en bares e restaurantes, realizan excursións guiadas, entran en museos e igrexas, toman o sol nas nosas praias grandes e pequenas bañadas por cálidas augas ou algo máis frías, percorren os camiños a Santiago ou asisten aos infinitos festivais ou eventos gastronómicos, culturais ou musicais en todos os recunchos da nosa xeografía. A todos eles e a moitos outros lles estou agradecido por elixir España para as súas vacacións ou viaxes de lecer ou negocio. Todos están a contribuír a un éxito económico que supera o 11 por cento do PIB ademais do citado valor internacional que moito países desexarían para eles.

Quen declarou a guerra ao turista, á principal industria en España, queren un modelo social baseado na tribo, onde todo o que veña de fóra representa unha ameaza para combater. Estes cachorros independentistas radicais e abertzales, non son mais que destrutores do sistema liberal e capitalista que van buscando de paso derrocar ao goberno a calquera prezo, e impedir que España siga crecendo xa que saben moi ben que só nun escenario de pobreza e frustración conseguirían os seus obxectivos .



A pesar deles e do dano que xa están a facer somos moitos os que dicimos “Benvidos turistas”.

miércoles, 26 de julio de 2017

Segundo plano

Si les digo que vivimos tiempos en los que las redes sociales se han colado en nuestras vidas de manera rápida e irreversible, no les descubro nada nuevo. Que renunciar a su utilización es prácticamente impensable, tampoco. Sin embrago quiero poner el foco en el grado de dependencia y el nivel de exposición de las vidas privadas que se adquiere en estas páginas de internet.

Empezaré por llamar la atención sobre las edades tempranas en las que cada día más jóvenes se enganchan a las múltiples aplicaciones populares en la red, que no solamente sirven para comunicarse en sustitución a la llamada o al mensaje telefónico, sino también para contar y exponer imágenes de sus movimientos y actividades. 

En esta fase debería preocuparnos a toda la sociedad la deriva cada día más frecuente hacia la utilización de estas herramientas como modo y método de acoso escolar, donde solamente cuando saltan a la luz pública casos de suicidios en jóvenes que no han podido aguantar el chantaje, las amenazas y la tremenda presión de sus compañeros, nos horrorizamos para seguidamente seguir casi con indiferencia el mal uso que se hace de los dispositivos móviles.

Nadie puede permanecer indiferente ni pensar que no va con él o con su entorno próximo. Pregúntense si no habrán podido colaborar directa o indirectamente, regalando un teléfono móvil a un adolescente en su primera comunión (este fenómeno arrasa), consintiendo a los suyos que en la mesa durante las comidas los utilicen sin participar en los deseados diálogos de familia, o permitiendo que desde edades muy tempranas tengan acceso a internet sin ningún tipo de supervisión.

Pero los adultos tampoco nos quedamos atrás en el uso, a mi juicio inadecuado, que en múltiples ocasiones hacemos de estos instrumentos de comunicación. Son multitud los que a diario desde que se levantan y hasta que regresan a la cama, cuentan con detalle y documentos gráficos todos los pasos que van dando, dejando rastros fotográficos del café que se toman, los lugares que frecuentan y las compañías de ese día. Y así, día tras día, incluso publicando sus vacaciones para deleite de los amigos de lo ajeno, que saben así dónde y cuándo está vacío un hogar.

He dejado para el final la referencia más delicada, la que tiene que ver con estas prácticas en el entorno en el que me muevo desde hace años, la política. Aquí mucho de mis compañeros discreparán claramente de mi opinión, pero no puedo compartir ni participar en las rivalidades y carreras que observo a diario por ver quién cuelga más fotos en los que ellos son protagonistas, más tuits cual maquina de hacer churros, más emoticonos en todos los grupos de chats en los que te apuntas o te apuntan, o más “me gusta” a cuantas cosas pongan los demás, los llamados “amigos”, que por lo general son miles de personas a las que no conocemos.

Todo esto parece conducir a la conclusión de que eres más popular y más productivo, políticamente hablando, cuanta más actividad tengas en estos medios, llegando al absurdo de que hay personas a las que les importa más salir en la foto que el contenido de la reunión a la que acuden..

Siento no compartir estas estrategias, prefiero el contenido al continente, prefiero el segundo plano.

Segundo plano

Se lles digo que vivimos tempos nos que as redes sociais coáronse nas nosas vidas de maneira rápida e irreversible, non lles descubro nada novo. Que renunciar á súa utilización é practicamente impensable, tampouco. Sen embrago quero poñer o foco no grao de dependencia e o nivel de exposición das vidas privadas que se adquire nestas páxinas da internet.

Empezarei por chamar a atención sobre as idades temperás nas que cada día máis novos engánchanse ás múltiples aplicacións populares na rede, que non soamente serven para comunicarse en substitución á chamada ou á mensaxe telefónica, senón tamén para contar e expoñer imaxes dos seus movementos e actividades. 

Nesta fase debería preocuparnos a toda a sociedade derívaa cada día máis frecuente cara á utilización destas ferramentas como modo e método de acoso escolar, onde soamente cando saltan á luz pública casos de suicidios en mozos que non puideron aguantar a chantaxe, as ameazas e a tremenda presión dos seus compañeiros, arrepiámonos para seguidamente seguir case con indiferenza o mal uso que se fai dos dispositivos móbiles.

Ninguén pode permanecer indiferente nin pensar que non vai con el ou coa súa contorna próxima. Pregúntense se non poderían colaborar directa ou indirectamente, regalando un teléfono móbil a un adolescente na súa primeira comuñón (este fenómeno arrasa), consentindo aos seus que na mesa durante as comidas utilícenos sen participar nos desexados diálogos de familia, ou permitindo que desde idades moi temperás teñan acceso a internet sen ningún tipo de supervisión.

Pero os adultos tampouco quedamos atrás no uso, ao meu xuízo inadecuado, que en múltiples ocasións facemos destes instrumentos de comunicación. Son multitude os que a diario desde que se levantan e ata que regresan á cama, contan con detalle e documentos gráficos todos os pasos que van dando, deixando rastros fotográficos do café que se toman, os lugares que frecuentan e as compañías dese día. E así, día tras día, incluso publicando as súas vacacións para deleite dos amigos do alleo, que saben así onde e cando está baleiro un fogar.

Deixei para o final a referencia máis delicada, a que ten que ver con estas prácticas na contorna no que me movo desde hai anos, a política. Aquí moito dos meus compañeiros discreparán claramente da miña opinión, pero non podo compartir nin participar nas rivalidades e carreiras que observo a diario por ver quen colga máis fotos nos que eles son protagonistas, máis tuits cal maquina de facer churros, máis emoticonos en todos os grupos de chats nos que che apuntas ou che apuntan, ou máis “gústame” a cantas cousas poñan os demais, os chamados “amigos”, que polo xeral son miles de persoas ás que non coñecemos.

Todo isto parece conducir á conclusión de que es máis popular e máis produtivo, politicamente falando, canta máis actividade teñas nestes medios, chegando ao absurdo de que hai persoas ás que lles importa máis saír na foto que o contido da reunión á que acoden..

Sinto non compartir estas estratexias, prefiro o contido ao continente, prefiro o segundo plano.

miércoles, 12 de julio de 2017

Amores que matan

No puedo dejar pasar la ocasión de volver a reflexionar públicamente sobre las actitudes, comportamientos y estrategias de aquellas personas que en política son capaces de utilizar cualquier argumento para dañar a sus rivales, aunque en el intento tengan que disparar contra lo que dicen respetar y querer más.

Hace unas semanas en el Congreso de los Diputados se producía una interpelación al gobierno por parte de uno de los diputados gallegos pertenecientes a En Marea relativa a la contaminación de las Rías gallegas y para ello se echaba mano de todo cuanto argumento pudiera tener impacto sonoro y mediático, fuera cierto o no, viniera a cuento o tuviera que ver poco con el tema.

Desde la tribuna el señor diputado gallego perteneciente al grupo parlamentario de Podemos nos acusaba de “privatizar el medio natural”, de “colaborar con delincuentes”, habló de “las empresas amigas” en referencia a ENCE y REGANOSA, acusó a la celulosa de Pontevedra de ser culpable de los incendios en Galicia y de los recientes en Portugal, y completó su amplio relatorio ignominioso con datos donde según su versión el grado de contaminación de nuestras rías está llevando a la ruina a las personas que viven de duros oficios como el de las mariscadoras.

Tuve que recordarle que las competencias en saneamiento y depuración de aguas son propias de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas y que el Estado solo interviene en aquellas que previamente sean declaradas por Ley “obras de interés general”, como algunas de las más importantes llevadas a cabo en los últimos años en nuestras rías gallegas, poniéndole los ejemplos de Ferrol y A Coruña, donde por cierto tuve que recordarle la nefasta gestión de esos alcaldes pertenecientes a su formación política y que una semana antes y desde la misma tribuna Pablo Iglesias ponía como ejemplo del cambio en los ayuntamientos.

Fue el alcalde de Ferrol el que tuvo más de un año parado el expediente del convenio que permitía la entrada en funcionamiento de los interceptores de A Malata en esa ría, algo que finalmente se produjo hace 3 meses y que desde entonces está produciendo resultados espectaculares en esas aguas. De haberse realizado una buena gestión esos resultados se habrían producido 12 meses antes con importantes beneficios medioambientales. Otro importante convenio duerme en su mesa, a la espera de su buena gestión, que permitiría al Estado seguir mejorando la ría que tanto les preocupa.

En Pontevedra, la evolución de los controles medioambientales en la planta de celulosa están a la vista y al olfato de todos cuantos quieran verlo y olerlo. La prueba entre otras está en que a las mariscadoras de esa zona lo que les preocupa no es esa industria sino las aguas que vierte a la ría la depuradora municipal de Pontevedra en Placeres.

Concluyendo, Galicia no precisa de este tipo de salvapatrias, que en Madrid dicen ser sus mejores valedores y para ejercer esa función pintan un panorama negro e irreal de sus rías, mientras donde gobiernan solo ponen zancadillas a sus gobiernos “enemigos” para poderles culpar de falta de inversiones. Líbrenos Dios de estos amores, amores que matan.

miércoles, 28 de junio de 2017

Respeto a las tradiciones.

El domingo en Lugo se repitió un año más una de las tradiciones que cuentan con mayor longevidad, la ofrenda al Santísimo que realizan los alcaldes de las siete ciudades que en su día formaron el Antiguo Reino de Galicia. Esta ceremonia combina tradición popular con la religiosa y se viene celebrando desde 1669. El domingo se celebró la que hace el número 348.

Se celebra cada domingo posterior a la festividad del Corpus, y a ella acuden los mandatarios de las ciudades de A Coruña, Lugo, Ourense, Santiago de Compostela, Mondoñedo Betanzos y Tui, habiendo conseguido el reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico gallego. 

Desde 1991 en que formé parte, por primera vez en mi carrera política, de la corporación municipal de Lugo y hasta la fecha, con escasas excepciones he podido participar de una u otra manera en estos actos, siendo el más emotivo y significado el del año 1999 en el que como alcalde de esta ciudad me correspondió ser el edil que realizó la ofrenda.

Sin entrar en pequeños detalles, como la ausencia de carroza portando al Santísimo, me preocupa la merma significativa de asistentes, y de manera especial la de la representación institucional... y más concretamente la de ayuntamientos herederos de aquel antiguo Reino y de las diputaciones. Este año no hubo representación alguna de Santiago y A Coruña, ni de las Diputaciones de Pontevedra y A Coruña. 

Tras 348 años la llegada a las alcaldías de gobiernos populistas es lo que motiva que desde hace dos años estos ayuntamientos decidiesen no acudir, a modo de boicot a lo que ellos consideran un acto puramente religioso, olvidando la tradición histórica y sus significados. No solo no acuden, sino que tampoco envían a ningún representante, aun sabiendo que en esas corporaciones hay munícipes que asistirían gustosos. Olvidan que representan a todo un municipio, es decir a ciudadanos con diferentes creencias e ideologías, y no solamente a sus votantes.

Todos los actos importantes requieren del apoyo social necesario, pero de manera especial del apoyo institucional, y si algo parece claro es que este apoyo se ha visto muy mermado en los últimos años.

Pocas celebraciones en Galicia cuentan con la longevidad de este acto y menos aún con su notable trasfondo cultural. Es el único acto oficial que pervive del Antiguo Reino de Galicia, y también es el motivo del escudo de Galicia, cuyas siete cruces representan a las antiguas provincias y el Cáliz y la Hostia centrales son el reflejo de esta tradición de ofrenda al Santísimo en nuestra ciudad. Sólo por esa relevancia histórica merece toda nuestra atención.

En unos días Lugo se llenará de fiesta para celebrar una nueva edición del Arde Lucus, una fiesta de reciente impronta en nuestro calendario pero que ya cuenta con importantes sumas de presupuesto y de apoyo institucional. Lo celebro, pero al mismo tiempo me cuesta entender que por cuestiones políticas, exclusivamente de tipo ideológico, las tradiciones históricas que forman parte de nuestra cultura y de la Historia de Galicia se vean paulatinamente mermadas de los necesarios apoyos que garanticen su continuidad.

Si algo pido es respeto a una tradición, respeto a la convivencia en una sociedad plural en lo religioso y en lo ideológico. Boicotear las tradiciones es no respetarlas. Sin ese respeto mal futuro les aguarda.


Respecto ás tradicións.

O domingo en Lugo repetiuse un ano máis unha das tradicións que contan con maior lonxevidade, a ofrenda ao Santísimo que realizan os alcaldes das sete cidades que no seu día formaron o Antigo Reino de Galicia. Esta cerimonia combina tradición popular coa relixiosa e vén celebrando desde 1669. O domingo celebrouse a que fai o número 348.

Celébrase cada domingo posterior á festividade do Corpus, e a ela acoden os mandatarios das cidades da Coruña, Lugo, Ourense, Santiago de Compostela, Mondoñedo Betanzos e Tui, conseguindo o recoñecemento como Festa de Interese Turístico galego. 

Desde 1991 en que formei parte, por primeira vez na miña carreira política, da corporación municipal de Lugo e ata a data, con escasas excepcións puiden participar dunha ou outra maneira nestes actos, sendo o máis emotivo e significado o do ano 1999 no que como alcalde desta cidade correspondeume ser o edil que realizou a ofrenda.

Sen entrar en pequenos detalles, como a ausencia de carroza portando ao Santísimo, preocúpame a diminución significativa de asistentes, e de maneira especial a da representación institucional... e máis concretamente a de concellos herdeiros daquel antigo Reino e das deputacións. Este ano non houbo representación algunha de Santiago e A Coruña, nin das Deputacións de Pontevedra e A Coruña. 

Tras 348 anos a chegada ás alcaldías de gobernos populistas é o que motiva que desde hai dous anos estes concellos decidisen non acudir, a modo de boicot ao que eles consideran un acto puramente relixioso, esquecendo a tradición histórica e os seus significados. Non só non acoden, senón que tampouco envían a ningún representante, aínda sabendo que nesas corporacións hai concelleiros que asistirían gustosos. Esquecen que representan a todo un municipio, é dicir a cidadáns con diferentes crenzas e ideoloxías, e non soamente aos seus votantes.

Todos os actos importantes requiren do apoio social necesario, pero de maneira especial do apoio institucional, e se algo parece claro é que este apoio viuse moi minguado nos últimos anos.

Poucas celebracións en Galicia contan coa lonxevidade deste acto e menos aínda co seu notable transfondo cultural. É o único acto oficial que pervive do Antigo Reino de Galicia, e tamén é o motivo do escudo de Galicia, cuxas sete cruces representan ás antigas provincias e o Cáliz e a Hostia centrais son o reflexo desta tradición de ofrenda ao Santísimo na nosa cidade. Só por esa relevancia histórica merece toda a nosa atención.

Nuns días Lugo encherase de festa para celebrar unha nova edición do Arde Lucus, unha festa de recente sinal no noso calendario pero que xa conta con importantes sumas de orzamento e de apoio institucional. Celébroo, pero ao mesmo tempo cústame entender que por cuestións políticas, exclusivamente de tipo ideolóxico, as tradicións históricas que forman parte da nosa cultura e da Historia de Galicia se vexan paulatinamente mermadas dos necesarios apoios que garantan a súa continuidade.

Se algo pido é respecto a unha tradición, respecto á convivencia nunha sociedade plural no relixioso e no ideolóxico. Boicotear as tradicións é non respectalas. Sen ese respecto mal futuro agárdalles.

miércoles, 14 de junio de 2017

40 años, toda una vida

Son muchos los medios de comunicación que dedican amplios espacios a recordarnos que mañana 15 de junio se cumplen 40 años de las primeras elecciones generales democráticas en España, las elecciones de 1977.
Por aquel entonces yo tenía 22 años y era un universitario que vivió aquel momento con gran intensidad, como muchos otros españoles. Recuerdo haber acudido a todos cuantos mítines se celebraron en Santiago, Lugo o Monforte. Escuchar a Suárez o a Tierno Galván, nombres que a los más jóvenes ya poco les dirán, pero que junto a Felipe González, Fraga y otros representaron el conjunto de una clase política que tras esos comicios jugaron un papel decisivo en esos primeros pasos de nuestra historia democrática.
Aquella jornada de hace 40 años la viví en Monforte, donde ejercí el derecho a voto por primera vez, y donde con una participación multitudinaria en una jornada de fiesta, las colas para votar acompañaron las muchas anécdotas producidas en los colegios electorales. La ilusión y la incertidumbre por el resultado eran las características que para mí mejor definieron aquel día histórico que ahora recuerdo con mayor emoción, consciente más que entonces del enorme paso que se daba en España.
Después vinieron importantes acontecimientos como la aprobación de nuestra Constitución de 1978, todavía vigente, la incorporación a la llamada, en aquellos tiempos, Comunidad Económica Europea, la lacra terrorista de ETA…40 años que cambiaron nuestra Nación.
Muchos fueron por entonces los que pronosticaron que tras la muerte de Franco seríamos incapaces de vivir en democracia, que no sabríamos convivir pacíficamente los 40 años que lo hemos conseguido tras otros tantos de dictadura. Pero finalmente españoles de diferentes ideologías fueron capaces de aplicar políticas de pactos, de acuerdos, surgidos del mandato de muchos ciudadanos que en aquel día con nuestros votos dejamos claro a las dos fuerzas mayoritarias, la UCD y el PSOE, que tendrían que entenderse por el bien de España.
Aquello fue posible por las altas dosis de generosidad desplegadas por parte de todos los actores principales y porque todos los españoles estábamos ansiosos de lograr la concordia y de olvidar la revancha, algo que tristemente hoy algunos tratan de desenterrar. 40 años de éxitos colectivos no exentos de luces y sombras, de incertidumbres ocasionales, pero que nos han dado el periodo más largo de paz y desarrollo económico en nuestra historia.
Hoy al igual que entonces esta paz y convivencia tienen enemigos, esos populistas de extrema izquierda que intentan, con la ayuda de algunos separatistas y a base de un discurso propio de vendedores de humo, desvirtuar estos logros y cambiar la historia. Pero hoy España es una potencia mundial con un Estado de bienestar fuerte y consolidado, y por ello estos enemigos lo tendrán difícil ya que las actuales y venideras generaciones superaremos estos retos y venceremos con las mismas recetas: generosidad, altura de miras, pactos, acuerdos y un gran sentido de Estado.

La canción dice que “20 años no es nada…”, pero en España estos últimos 40 han sido toda una vida.


40 anos, toda unha vida.


Son moitos os medios de comunicación que dedican amplos espazos a lembrarnos que mañá 15 de xuño cúmprense 40 anos das primeiras eleccións xerais democráticas en España, as eleccións de 1977.
Por aquel entón eu tiña 22 anos e era un universitario que viviu aquel momento con gran intensidade, como moitos outros españois. Recordo acudir a todos cuantos mitins celebráronse en Santiago, Lugo ou Monforte. Escoitar a Suárez ou a Tierno Galván, nomes que aos máis novos xa pouco lles dirán, pero que xunto a Felipe González, Fraga e outros representaron o conxunto dunha clase política que tras eses comicios xogaron un papel decisivo neses primeiros pasos da nosa historia democrática.
Aquela xornada de hai 40 anos vivina en Monforte, onde exercín o dereito a voto por primeira vez, e onde cunha participación multitudinaria nunha xornada de festa, as colas para votar acompañaron as moitas anécdotas producidas nos colexios electorais. A ilusión e a incerteza polo resultado eran as características que para min mellor definiron aquel día histórico que agora recordo con maior emoción, consciente máis que entón do enorme paso que se daba en España.
Despois viñeron importantes acontecementos como a aprobación da nosa Constitución de 1978, aínda vixente, a incorporación á chamada, naqueles tempos, Comunidade Económica Europea, a secuela terrorista de ETA... 40 anos que cambiaron a nosa Nación.
Moitos foron por entón os que prognosticaron que tras a morte de Franco seriamos incapaces de vivir en democracia, que non saberiamos convivir pacíficamente os 40 anos que o conseguimos tras outros tantos de ditadura. Pero finalmente españois de diferentes ideoloxías foron capaces de aplicar políticas de pactos, de acordos, xurdidos do mandato de moitos cidadáns que naquel día cos nosos votos deixamos claro ás dúas forzas maioritarias, a UCD e o PSOE, que terían que entenderse polo ben de España.
Aquilo foi posible polas altas doses de xenerosidade despregadas por parte de todos os actores principais e porque todos os españois estabamos ansiosos de lograr a concordia e de esquecer o desquite, algo que tristemente hoxe algúns tratan de desenterrar. 40 anos de éxitos colectivos non exentos de luces e sombras, de incertezas ocasionais, pero que nos deron o período máis longo de paz e desenvolvemento económico na nosa historia.
Hoxe do mesmo xeito que entón esta paz e convivencia teñen inimigos, eses populistas de extrema esquerda que tentan, coa axuda dalgúns separatistas e a base dun discurso propio de vendedores de fume, desvirtuar estes logros e cambiar a historia. Pero hoxe España é unha potencia mundial cun Estado de benestar forte e consolidado, e por iso estes inimigos terano difícil xa que as actuais e vindeiras xeracións superaremos estes retos e venceremos coas mesmas receitas: xenerosidade, altura de miras, pactos, acordos e un gran sentido de Estado.
A canción di que "20 años no es nada", pero en España estes últimos 40 foron toda unha vida.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Entre costuras

A nadie se le habrá escapado la percepción generalizada de que en las últimas fechas la palabra “coser” ha sonado con reiteración en nuestro entorno. Cuando el Partido Socialista comenzaba su campaña de primarias para elegir a su secretario general todos hablaban de la necesidad de coser un partido que supuraba por sus muchas heridas.

Hacia el final de su campaña y cada vez que alguno de los dos contrincantes más destacados abría la boca, las palabras que dedicaba a sus rivales indicaban de todo menos ganas de coser. El debate electoral que mantuvieron en la sede de su partido fue la muestra más relevante de que la aguja y el hilo no pensaban tocarlos y que lo de coser más bien se refería, y perdonen la expresión, a la posibilidad de coserse a navajazos. Esa sensación de enemistad irreconciliable creo que la percibimos todos los que de desde fuera analizamos aquel enfrentamiento.

Conocida la victoria del candidato más radicalizado de los tres en liza, éste se ha venido arriba, como por otra parte parece lógico, y aunque con la boquita pequeña sigue apelando a la unidad, con la grande ya ha comenzado a preparar la purga definitiva dentro de su partido apartando a todo cuanto huela al perfume del bando perdedor, anulándolos para que no formen parte del Congreso que debe ratificarlo en su cargo.

Este pasado viernes en Lugo mi partido celebraba el Congreso Local para elegir una nueva dirección que tendrá como tarea prioritaria elaborar las estrategias y el equipo que deberá presentar a los lucenses las propuestas ilusionantes y la credibilidad necesaria para obtener una amplia dosis de confianza en las urnas cuando en 2019 todos seamos llamados a votar en las elecciones municipales.

Me alegró escuchar al nuevo presidente local negando la existencia de bandos en el seno de nuestra organización lucense. Como en todos los colectivos existen diferencias y sensibilidades, pluralidad que fortalece al conjunto al aceptarse el debate sobre esos matices. Aquí no habrá que coser, posiblemente como mucho poner alguna tirita para cerrar definitivamente pequeñas heridas. 

Creo que Lugo necesita más que nunca de personas y de compromisos que devuelvan la ilusión a esta ciudad, una ilusión que puede resumirse en el sentimiento de orgullo de lo mucho bueno que tenemos y de lo que todavía queda por mejorar. Una tarea nada sencilla aunque tampoco imposible.

Confío en el sentidiño de los que tiene la responsabilidad de dirigir este proyecto en el que a buen seguro contarán con la opinión y el trabajo de cuantos queramos arrimar el hombro y remar acompasados en la misma dirección. 

Los tiempos del despertar están aquí. Ésta es una tarea colectiva en la que unos dirigen y proponen y otros colaboramos, pero en la que todos los que queramos hacer algo por nuestra tierra, dentro o fuera de la política, tendremos la posibilidad de contribuir.

Los tiempos entre costuras deben dejar paso a los tiempos de la unidad a favor de un proyecto coordinado para la ciudad de Lugo, un proyecto en equipo, que si ya fue posible puede volver a serlo. 

Entre costuras

A ninguén lle escapou a percepción xeneralizada de que nas últimas datas a palabra “coser” soou con reiteración na nosa contorna. Cando o Partido Socialista comezaba a súa campaña de primarias para elixir o seu secretario xeral todos falaban da necesidade de coser un partido que supuraba polas súas moitas feridas.

Cara ao final da súa campaña e cada vez que algún dos dous adversarios máis destacados abría a boca, as palabras que dedicaba aos seus rivais indicaban de todo menos ganas de coser. O debate electoral que mantiveron na sede do seu partido foi a mostra máis relevante de que a agulla e o fío non pensaban tocalos e que o de coser máis ben referíase, e perdoen a expresión, á posibilidade de coserse a navalladas. Esa sensación de inimizade irreconciliable creo que a percibimos todos os que de desde fóra analizamos aquel enfrontamento.

Coñecida a vitoria do candidato máis radicalizado dos tres en liza, este veuse arriba, como por outra banda parece lóxico, e aínda que coa boquiña pequena segue apelando á unidade, coa grande xa comezou a preparar a purga definitiva dentro do seu partido apartando a todo canto cheire ao perfume do bando perdedor, anulándoos para que non formen parte do Congreso que debe ratificalo no seu cargo.

Este pasado venres en Lugo o meu partido celebraba o Congreso Local para elixir unha nova dirección que terá como tarefa prioritaria elaborar as estratexias e o equipo que deberá presentar aos lucenses as propostas ilusionantes e a credibilidade necesaria para obter unha ampla dose de confianza nas urnas cando en 2019 todos sexamos chamados a votar nas eleccións municipais.

Alegroume escoitar ao novo presidente local negando a existencia de bandos no seo da nosa organización lucense. Como en todos os colectivos existen diferenzas e sensibilidades, pluralidade que fortalece ao conxunto ao aceptarse o debate sobre eses matices. Aquí non haberá que coser, posiblemente como moito poñer algunha tiriña para pechar definitivamente pequenas feridas. 

Creo que Lugo necesita máis que nunca de persoas e de compromisos que devolvan a ilusión a esta cidade, unha ilusión que pode resumirse no sentimento de orgullo do moito bo que temos e do que aínda queda por mellorar. Unha tarefa nada sinxela aínda que tampouco imposible.

Confío no sentidiño dos que ten a responsabilidade de dirixir este proxecto no que a recado contarán coa opinión e o traballo de cuantos queiramos arrimar o ombreiro e remar compasados na mesma dirección. 

Os tempos do espertar están aquí. Esta é unha tarefa colectiva na que uns dirixen e propoñen e outros colaboramos, pero na que todos os que queiramos facer algo pola nosa terra, dentro ou fóra da política, teremos a posibilidade de contribuír.



Os tempos entre costuras deben deixar paso aos tempos da unidade a favor dun proxecto coordinado para a cidade de Lugo, un proxecto en equipo, que se xa foi posible pode volver selo.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Reconstruir Europa

Si desde hace tiempo venimos percibiendo múltiples síntomas y señales de que algo va mal en nuestro continente, las últimas elecciones francesas han enviado varios mensajes, entre ellos la victoria de la unidad internacional frente al populismo, el triunfo de quienes quieren abrirse a Europa sobre los que siguen predicando que hay que cerrar las puertas a los que no son como ellos. Ganó la unión de Europa.

Pero de esos mensajes también hay que saber leer la letra pequeña. En ella hay un aviso claro para que se hagan las reformas necesarias al proyecto europeo antes de que los extremistas tengan nuevos argumentos y más votos. Hubo muchas personas que no votaron, porque no tienen papeles o porque han dejado de creer en la política, o por una mezcla de indeferencia y de hastío.

La eurozona muestra signos de fatiga, con países que no respetan nuestras señas de identidad, otros que se quieren ir, algunos con dificultades económicas y otros intervenidos. Se perciben síntomas de cansancio y del posible acercamiento del fin de las garantías de prosperidad por el mero hecho de pertenecer a la Unión. Por eso ya no es suficiente con cantar las alabanzas y repetir que unidos estamos mejor. A los escépticos y hastiados, y a los partidos que se nutren de ese hartazgo hay que convencerlos con una política europea más cercana, con dirigentes europeos que conecten mejor con los ciudadanos, acercar a todos esas lejanas instituciones asentadas en Bruselas. Muchos europeos se sienten decepcionados por la falta de respuestas a problemas tan graves como la crisis de los refugiados, o descontentos por el sometimiento a normas elaboradas por instituciones ajenas.

Tantos votos en blanco y una abstención nunca antes vista requieren de un análisis y una terapia que reduzca esta brecha en una sociedad cada día más descontenta con la clase política, evitando que tantos votantes lo hagan “tapándose la nariz”.

El aumento de este tipo de votos denota malestar social y requieren de respuestas que incluyan reformas políticas y económicas que apuntalen nuestros sistemas democráticos. De lo contrario la tendencia alcista de los partidos extremistas y populistas se pondrá confirmar en un futuro. Once millones de votos a un partido de extrema derecha en Francia es para hacérselo mirar.

La Unión Europea dejó de ser el sueño de los países más pobres o sin libertad y ahora se corre el riesgo de convertirla en algo excesivamente burocratizado que ya no despierta ilusiones. Fenómenos como el Brexit, el resurgir de los partidos neonazis en Alemania o de los separatismos catalanes y la extrema izquierda de Podemos en España, constituyen una enfermedad que lejos de estar erradicada todavía requiere de terapias basadas en la recuperación de los valores perdidos y que en su día fueron seña de identidad europea, como el mérito, el esfuerzo o la honestidad.

Refundar Europa es un deber colectivo, en el que todos debemos actuar y asumir responsabilidades, luchando por cerrar las brechas que dividen a nuestra sociedad, combatiendo desigualdades y ofreciendo perspectivas duraderas de progreso y así reconstruir juntos nuestro futuro.

Reconstruír Europa

Se desde hai tempo vimos percibindo múltiples síntomas e sinais de que algo vai mal no noso continente, as últimas eleccións francesas enviaron varias mensaxes, entre eles a vitoria da unidade internacional fronte ao populismo, o triunfo de quen quere abrirse a Europa sobre os que seguen predicando que hai que pechar as portas aos que non son como eles. Gañou a unión de Europa.

Pero desas mensaxes tamén hai que saber ler a letra pequena. Nela hai un aviso claro para que se fagan as reformas necesarias ao proxecto europeo antes de que os extremistas teñan novos argumentos e máis votos. Houbo moitas persoas que non votaron, porque non teñen papeis ou porque deixaron de crer na política, ou por unha mestura de indeferencia e de hastío.

A eurozona mostra signos de fatiga, con países que non respectan os nosos acenos de identidade, outros que se queren ir, algúns con dificultades económicas e outros intervidos. Percíbense síntomas de cansazo e do posible achegamento do fin das garantías de prosperidade polo mero feito de pertencer á Unión. Por iso xa non é suficiente con cantar os encomios e repetir que unidos estamos mellor. Aos escépticos e hastiados, e aos partidos que se nutren dese hartazgo hai que convencelos cunha política europea máis próxima, con dirixentes europeos que conecten mellor cos cidadáns, achegar a todos esas afastadas institucións asentadas en Bruxelas. Moitos europeos senten decepcionados pola falta de respostas a problemas tan graves como a crise dos refuxiados, ou descontentos polo sometemento a normas elaboradas por institucións alleas.

Tantos votos en branco e unha abstención nunca antes vista requiren dunha análise e unha terapia que reduza esta brecha nunha sociedade cada día máis descontenta coa clase política, evitando que tantos votantes o fagan “tapando o nariz”.

O aumento deste tipo de votos denota malestar social e requiren de respostas que inclúan reformas políticas e económicas que apontoen os nosos sistemas democráticos. De non ser así a tendencia alcista dos partidos extremistas e populistas poñerase confirmar nun futuro. Once millóns de votos a un partido de extrema dereita en Francia é para facerllo mirar.

A Unión Europea deixou de ser o soño dos países máis pobres ou sen liberdade e agora córrese o risco de convertela en algo excesivamente burocratizado que xa non esperta ilusións. Fenómenos como o Brexit, o rexurdir dos partidos neonazis en Alemaña ou dos separatismos cataláns e a extrema esquerda de Podemos en España, constitúen unha enfermidade que lonxe de estar erradicada aínda require de terapias baseadas na recuperación dos valores perdidos e que no seu día foron aceno de identidade europea, como o mérito, o esforzo ou a honestidade.

Refundar Europa é un deber colectivo, no que todos debemos actuar e asumir responsabilidades, loitando por pechar as brechas que dividen á nosa sociedade, combatendo desigualdades e ofrecendo perspectivas duradeiras de progreso e así reconstruír xuntos o noso futuro.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Gota a gota

Existieron tiempos en los que la práctica de la tortura se convirtió en método habitual para castigar o sacar información. Una de las más llamativas por su sencillez al tiempo que horror fue la conocida por la gota china o tortura de la gota de agua, que consistía en poner al prisionero atado e inmovilizado boca arriba dejando caer sobre su frente una gota fría cada cinco segundos.

Estas últimas semanas volvíamos a sentir sobre nuestras frentes nuevas gotas de agua fría cayendo de manera secuencial. Eran las que provocaban los nuevos, aunque ya viejos, casos de corrupción que la justicia y los miembros de nuestras fuerzas de seguridad han detectado. Porque esta corrupción ya existía y es ahora cuando se va aireando gracias a que funciona el Estado de Derecho en España, no olvidemos este fundamental detalle.

Es comprensible el hastío, el hartazgo social ante las noticias que cada día nos cuentan, ante los casos de corrupción política que la justicia con más tardanza que celeridad va resolviendo. No lo es tanto el que algunos quieran aprovechar ese cabreo social para intentar derribar a cualquier precio a un Presidente del Gobierno y a todo un partido político. La última muestra es la moción de censura planteada por Podemos o los últimos escraches ante las sedes del PP.

En estas circunstancias resulta muy fácil agitar la tiranía de las multitudes, la ira popular utilizando el cabreo que todos sentimos. Los gritos en las calles y las consignas en las redes sociales hacen maravillas como tapar y hacer olvidar en segundos los logros de años en el campo económico o en el empleo, por no referirme a la recuperación del prestigio y del peso político en el entorno internacional donde ahora España vuelve a jugar muy alto… y los cambios legales que ayudan a luchar contra la corrupción con la principal arma del Estado de Derecho: la ley.

Conviene abordar estas situaciones con serenidad y firmeza sin caer en el juego de aquellos que solo pueden crecer a base del ruido que atruena y del nerviosismo de sus rivales. La serenidad de nuestro presidente del gobierno la doy por garantizada. A ello habrá que sumar la limpieza propiciada por las medidas que ya vienen aplicándose de manera irreversible.

En clave interna una vez más resulta imprescindible la unidad, desterrar todo intento de acoso y derribo propiciado por los oportunistas de turno. Lo que ahora se necesita en España es un gobierno estable que continúe aplicando las políticas que nos han convertido en el país que crece por encima de la media europea después de partir del borde del abismo.

Ese gota a gota que tortura día tras día nuestras vidas debe erradicarse de raíz, perseverando en los medios necesarios para evitar que estos sucesos nunca vuelvan a repetirse, apartando sin miramientos del servicio público a todo aquel que delinquiera o fuera cómplice de ello y sin complejos ni acobardamiento, y caiga quien caiga seguir trabajando sin tregua por lo que los españoles nos encargaron: consolidar nuestra economía y la creación de empleo, garantizar la unidad de España y nuestro estado de bienestar. Solo así cerraremos con seguridad el grifo que deja escapar esas gotas que están torturando nuestra paz social.

Pinga a pinga

Existiron tempos nos que a práctica da tortura converteuse en método habitual para castigar ou sacar información. Unha das máis rechamantes pola súa sinxeleza á vez que horror foi a coñecida pola pinga chinesa ou tortura da pinga de auga, que consistía en poñer ao prisioneiro atado e inmobilizado boca arriba deixando caer sobre a súa fronte unha pinga fría cada cinco segundos.

Estas últimas semanas volviamos sentir sobre as nosas frontes novas pingas de auga fría caendo de maneira secuencial. Eran as que provocaban os novos, aínda que xa vellos, casos de corrupción que a xustiza e os membros das nosas forzas de seguridade detectaron. Porque esta corrupción xa existía e é agora cando se vai aireando grazas a que funciona o Estado de Dereito en España, non esquezamos este fundamental detalle.

É comprensible o hastío, o hartazgo social ante as noticias que cada día cóntannos, ante os casos de corrupción política que a xustiza con máis tardanza que celeridade vai resolvendo. Non o é tanto o que algúns queiran aproveitar ese cabreo social para tentar derrubar a calquera prezo a un Presidente do Goberno e a todo un partido político. A última mostra é a moción de censura exposta por Podemos ou os últimos escraches ante as sedes do PP.

Nestas circunstancias resulta moi fácil axitar a tiranía das multitudes, a ira popular utilizando o cabreo que todos sentimos. Os berros nas rúas e consígnalas nas redes sociais fan marabillas como tapar e facer esquecer en segundos os logros de anos no campo económico ou no emprego, por non referirme á recuperación do prestixio e do peso político na contorna internacional onde agora España volve xogar moi alto... e os cambios legais que axudan a loitar contra a corrupción coa principal arma do Estado de Dereito: a lei.

Convén abordar estas situacións con serenidade e firmeza sen caer no xogo daqueles que só poden crecer a base do ruído que atruena e do nerviosismo dos seus rivais. A serenidade do noso presidente do goberno douna por garantida. A iso haberá que sumar a limpeza propiciada polas medidas que xa veñen aplicándose de maneira irreversible.

En clave interna unha vez máis resulta imprescindible a unidade, desterrar todo intento de acoso e derriba propiciada polos oportunistas de quenda. O que agora se necesita en España é un goberno estable que continúe aplicando as políticas que nos converteron no país que crece por encima da media europea despois de partir do bordo do abismo.

Ese pinga a pinga que tortura día tras día as nosas vidas debe erradicarse de raíz, perseverando nos medios necesarios para evitar que estes sucesos nunca volvan repetirse, apartando sen miramientos do servizo público a todo aquel que delinquise ou fose cómplice diso e sen complexos nin acobardamiento, e caia quen caia seguir traballando sen tregua polo que os españois encargáronnos: consolidar a nosa economía e a creación de emprego, garantir a unidade de España e o noso estado de benestar. Só así pecharemos con seguridade a billa que deixa escapar esas pingas que están torturando a nosa paz social.

miércoles, 19 de abril de 2017

Desafíos

Aunque la vida en si misma es una sucesión constante de desafíos que nos ponen a prueba como personas y como sociedades, muchosacontecen ante nuestras narices sin que podamos o sepamos reaccionar.

Hace unos días el presidente norteamericano ordenaba el lanzamiento de la “madre de todas las bombas” sobre una base militar siria situada en Afganistán, en respuesta al ataque químico sobre población civil supuestamente promovido por el presidente Bashar al Assad.

En Corea del Norte, su joven líder Kim Jong-un nos amenaza con una escalada de utilización de armamento nuclear. La respuesta no se está haciendo esperar y desde EEUU se ordena a su Armada acercarse a las costas de ese país.

Se suceden las palabras amenazadoras de un lado y de otro y por ello estos dos acontecimientos por sí mismos ya suponen un desafío y una amenaza seria que pone en alerta a todo el planeta. 

A los movimientos americanos para impedir estas pruebas atómicas, ataques preventivos, la respuesta del régimen norcoreano no pudo ser más elocuente, “adoptaremos nuestra reacción más dura contra EEUU y sus fuerzas, sin piedad y sin permitir que los agresores sobrevivan”.

Una guerra que de desatarse posiblemente no tendría ganadores y que sin duda podría desencadenarse de continuar las amenazas y provocaciones hasta extremos que conviertan esta situación en inmanejable.

El ministro de Exteriores chino ya advierte que aquel que provoque una guerra en Corea deberá asumir sus responsabilidades históricas y pagar el precio de un conflicto en el que todos pierdan.

Pero son muchos más los desafíos a los que nos enfrentamos. Los cristianos sufren persecuciones salvajes en Egipto, Siria, Irán, Pakistán y en otros muchos lugares del planeta, cacerías fanáticas que ya superan a las que sufrieron en los comienzos del cristianismo. Más cerca, aquí en España, las campañas de acoso contra los valores cristianos propiciadas por grupos políticos y sociales de izquierdas están siendo frenadas por ahora por la mayoría social. Todavía son recientes los intentos de eliminación de la retransmisión televisiva de la santa misa de los domingos o las palabras de algún ilustre podemita pidiendo la supresión de las procesiones de Semana Santa porque “ofenden a nuestros hermanos musulmanes”.

Hay más. Unicef nos avisa de que en zonas de Nigeria, Chad, Níger y Camerún el grupo terrorista Boko Haram viene utilizando a niños como herramientas para cometer atentados fijándoles a sus cuerpos adolescentes explosivos que los convierten en los tristemente conocidos “niños bombas”.

La desaparición constante cual goteo sangriento de inmigrantes en naufragios en el Mediterráneo sigue siendo un desafío, un reto que Europa no acaba de resolver donde las cifras de fallecidos de hoy nos hacen olvidar las de ahogados de ayer.

Desafíos cercanos y lejanos, pero desafíos que requieren respuestas ponderadas a la altura de sociedades maduras con valores conquistados durante siglos. No son momentos de cerrar los ojos ni de arrojar la primera piedra. Confiemos en que la diplomacia y la política estén a la altura de las grandes ocasiones históricas y que pronto desaparezcan tantos nubarrones.

Desafíos

Aínda que a vida en se mesma é unha sucesión constante de desafíos que nos poñen a proba como persoas e como sociedades, muchosacontecen ante os nosos narices sen que podamos ou saibamos reaccionar.

Hai uns días o presidente norteamericano ordenaba o lanzamento da “nai de todas as bombas” sobre unha base militar siria situada en Afganistán, en resposta ao ataque químico sobre poboación civil supostamente promovido polo presidente Bashar ao Assad.

En Corea do Norte, o seu novo líder Kim Jong-un ameázanos cunha escalada de utilización de armamento nuclear. A resposta non se está facendo esperar e desde EEUU ordénase á súa Armada achegarse ás costas dese país.

Sucédense as palabras ameazadoras dun lado e doutro e por iso estes dous acontecementos por si mesmos xa supoñen un desafío e unha ameaza seria que pon en alerta a todo o planeta. 

Aos movementos americanos para impedir estas probas atómicas, ataques preventivos, a resposta do réxime norcoreano non puido ser máis elocuente, “adoptaremos a nosa reacción máis dura contra EEUU e as súas forzas, sen piedade e sen permitir que os agresores sobrevivan”.

Unha guerra que de desatarse posiblemente non tería gañadores e que sen dúbida podería desencadearse de continuar as ameazas e provocacións ata extremos que convertan esta situación en inmanejable.

O ministro de Exteriores chinés xa advirte que aquel que provoque unha guerra en Corea deberá asumir as súas responsabilidades históricas e pagar o prezo dun conflito no que todos perdan.

Pero son moitos máis os desafíos aos que nos enfrontamos. Os cristiáns sofren persecucións salvaxes en Exipto, Siria, Irán, Paquistán e noutros moitos lugares do planeta, cacerías fanáticas que xa superan ás que sufriron nos comezos do cristianismo. Máis preto, aquí en España, as campañas de acoso contra os valores cristiáns propiciadas por grupos políticos e sociais de esquerdas están a ser freadas por agora pola maioría social. Aínda son recentes os intentos de eliminación da retransmisión televisiva da santa misa dos domingos ou as palabras dalgún ilustre podemita pedindo a supresión das procesións de Semana Santa porque “ofenden aos nosos irmáns musulmáns”.

Hai máis. Unicef avísanos de que en zonas de Nixeria, Chad, Níxer e Camerún o grupo terrorista Boko Haram vén utilizando a nenos como ferramentas para cometer atentados fixándolles aos seus corpos adolescentes explosivos que os converten nos tristemente coñecidos “nenos bombas”.

A desaparición constante cal goteo sanguento de inmigrantes en naufraxios no Mediterráneo segue sendo un desafío, un reto que Europa non acaba de resolver onde as cifras de falecidos de hoxe fannos esquecer as de afogados de onte.

Desafíos próximos e afastados, pero desafíos que requiren respostas ponderado á altura de sociedades maduras con valores conquistados durante séculos. Non son momentos de pechar os ollos nin de arroxar a primeira pedra. Confiemos en que a diplomacia e a política estean á altura das grandes ocasións históricas e que pronto desaparezan tantos nuboeiros.
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