miércoles, 3 de mayo de 2017

Gota a gota

Existieron tiempos en los que la práctica de la tortura se convirtió en método habitual para castigar o sacar información. Una de las más llamativas por su sencillez al tiempo que horror fue la conocida por la gota china o tortura de la gota de agua, que consistía en poner al prisionero atado e inmovilizado boca arriba dejando caer sobre su frente una gota fría cada cinco segundos.

Estas últimas semanas volvíamos a sentir sobre nuestras frentes nuevas gotas de agua fría cayendo de manera secuencial. Eran las que provocaban los nuevos, aunque ya viejos, casos de corrupción que la justicia y los miembros de nuestras fuerzas de seguridad han detectado. Porque esta corrupción ya existía y es ahora cuando se va aireando gracias a que funciona el Estado de Derecho en España, no olvidemos este fundamental detalle.

Es comprensible el hastío, el hartazgo social ante las noticias que cada día nos cuentan, ante los casos de corrupción política que la justicia con más tardanza que celeridad va resolviendo. No lo es tanto el que algunos quieran aprovechar ese cabreo social para intentar derribar a cualquier precio a un Presidente del Gobierno y a todo un partido político. La última muestra es la moción de censura planteada por Podemos o los últimos escraches ante las sedes del PP.

En estas circunstancias resulta muy fácil agitar la tiranía de las multitudes, la ira popular utilizando el cabreo que todos sentimos. Los gritos en las calles y las consignas en las redes sociales hacen maravillas como tapar y hacer olvidar en segundos los logros de años en el campo económico o en el empleo, por no referirme a la recuperación del prestigio y del peso político en el entorno internacional donde ahora España vuelve a jugar muy alto… y los cambios legales que ayudan a luchar contra la corrupción con la principal arma del Estado de Derecho: la ley.

Conviene abordar estas situaciones con serenidad y firmeza sin caer en el juego de aquellos que solo pueden crecer a base del ruido que atruena y del nerviosismo de sus rivales. La serenidad de nuestro presidente del gobierno la doy por garantizada. A ello habrá que sumar la limpieza propiciada por las medidas que ya vienen aplicándose de manera irreversible.

En clave interna una vez más resulta imprescindible la unidad, desterrar todo intento de acoso y derribo propiciado por los oportunistas de turno. Lo que ahora se necesita en España es un gobierno estable que continúe aplicando las políticas que nos han convertido en el país que crece por encima de la media europea después de partir del borde del abismo.

Ese gota a gota que tortura día tras día nuestras vidas debe erradicarse de raíz, perseverando en los medios necesarios para evitar que estos sucesos nunca vuelvan a repetirse, apartando sin miramientos del servicio público a todo aquel que delinquiera o fuera cómplice de ello y sin complejos ni acobardamiento, y caiga quien caiga seguir trabajando sin tregua por lo que los españoles nos encargaron: consolidar nuestra economía y la creación de empleo, garantizar la unidad de España y nuestro estado de bienestar. Solo así cerraremos con seguridad el grifo que deja escapar esas gotas que están torturando nuestra paz social.

Pinga a pinga

Existiron tempos nos que a práctica da tortura converteuse en método habitual para castigar ou sacar información. Unha das máis rechamantes pola súa sinxeleza á vez que horror foi a coñecida pola pinga chinesa ou tortura da pinga de auga, que consistía en poñer ao prisioneiro atado e inmobilizado boca arriba deixando caer sobre a súa fronte unha pinga fría cada cinco segundos.

Estas últimas semanas volviamos sentir sobre as nosas frontes novas pingas de auga fría caendo de maneira secuencial. Eran as que provocaban os novos, aínda que xa vellos, casos de corrupción que a xustiza e os membros das nosas forzas de seguridade detectaron. Porque esta corrupción xa existía e é agora cando se vai aireando grazas a que funciona o Estado de Dereito en España, non esquezamos este fundamental detalle.

É comprensible o hastío, o hartazgo social ante as noticias que cada día cóntannos, ante os casos de corrupción política que a xustiza con máis tardanza que celeridade vai resolvendo. Non o é tanto o que algúns queiran aproveitar ese cabreo social para tentar derrubar a calquera prezo a un Presidente do Goberno e a todo un partido político. A última mostra é a moción de censura exposta por Podemos ou os últimos escraches ante as sedes do PP.

Nestas circunstancias resulta moi fácil axitar a tiranía das multitudes, a ira popular utilizando o cabreo que todos sentimos. Os berros nas rúas e consígnalas nas redes sociais fan marabillas como tapar e facer esquecer en segundos os logros de anos no campo económico ou no emprego, por non referirme á recuperación do prestixio e do peso político na contorna internacional onde agora España volve xogar moi alto... e os cambios legais que axudan a loitar contra a corrupción coa principal arma do Estado de Dereito: a lei.

Convén abordar estas situacións con serenidade e firmeza sen caer no xogo daqueles que só poden crecer a base do ruído que atruena e do nerviosismo dos seus rivais. A serenidade do noso presidente do goberno douna por garantida. A iso haberá que sumar a limpeza propiciada polas medidas que xa veñen aplicándose de maneira irreversible.

En clave interna unha vez máis resulta imprescindible a unidade, desterrar todo intento de acoso e derriba propiciada polos oportunistas de quenda. O que agora se necesita en España é un goberno estable que continúe aplicando as políticas que nos converteron no país que crece por encima da media europea despois de partir do bordo do abismo.

Ese pinga a pinga que tortura día tras día as nosas vidas debe erradicarse de raíz, perseverando nos medios necesarios para evitar que estes sucesos nunca volvan repetirse, apartando sen miramientos do servizo público a todo aquel que delinquise ou fose cómplice diso e sen complexos nin acobardamiento, e caia quen caia seguir traballando sen tregua polo que os españois encargáronnos: consolidar a nosa economía e a creación de emprego, garantir a unidade de España e o noso estado de benestar. Só así pecharemos con seguridade a billa que deixa escapar esas pingas que están torturando a nosa paz social.

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