miércoles, 26 de julio de 2017

Segundo plano

Si les digo que vivimos tiempos en los que las redes sociales se han colado en nuestras vidas de manera rápida e irreversible, no les descubro nada nuevo. Que renunciar a su utilización es prácticamente impensable, tampoco. Sin embrago quiero poner el foco en el grado de dependencia y el nivel de exposición de las vidas privadas que se adquiere en estas páginas de internet.

Empezaré por llamar la atención sobre las edades tempranas en las que cada día más jóvenes se enganchan a las múltiples aplicaciones populares en la red, que no solamente sirven para comunicarse en sustitución a la llamada o al mensaje telefónico, sino también para contar y exponer imágenes de sus movimientos y actividades. 

En esta fase debería preocuparnos a toda la sociedad la deriva cada día más frecuente hacia la utilización de estas herramientas como modo y método de acoso escolar, donde solamente cuando saltan a la luz pública casos de suicidios en jóvenes que no han podido aguantar el chantaje, las amenazas y la tremenda presión de sus compañeros, nos horrorizamos para seguidamente seguir casi con indiferencia el mal uso que se hace de los dispositivos móviles.

Nadie puede permanecer indiferente ni pensar que no va con él o con su entorno próximo. Pregúntense si no habrán podido colaborar directa o indirectamente, regalando un teléfono móvil a un adolescente en su primera comunión (este fenómeno arrasa), consintiendo a los suyos que en la mesa durante las comidas los utilicen sin participar en los deseados diálogos de familia, o permitiendo que desde edades muy tempranas tengan acceso a internet sin ningún tipo de supervisión.

Pero los adultos tampoco nos quedamos atrás en el uso, a mi juicio inadecuado, que en múltiples ocasiones hacemos de estos instrumentos de comunicación. Son multitud los que a diario desde que se levantan y hasta que regresan a la cama, cuentan con detalle y documentos gráficos todos los pasos que van dando, dejando rastros fotográficos del café que se toman, los lugares que frecuentan y las compañías de ese día. Y así, día tras día, incluso publicando sus vacaciones para deleite de los amigos de lo ajeno, que saben así dónde y cuándo está vacío un hogar.

He dejado para el final la referencia más delicada, la que tiene que ver con estas prácticas en el entorno en el que me muevo desde hace años, la política. Aquí mucho de mis compañeros discreparán claramente de mi opinión, pero no puedo compartir ni participar en las rivalidades y carreras que observo a diario por ver quién cuelga más fotos en los que ellos son protagonistas, más tuits cual maquina de hacer churros, más emoticonos en todos los grupos de chats en los que te apuntas o te apuntan, o más “me gusta” a cuantas cosas pongan los demás, los llamados “amigos”, que por lo general son miles de personas a las que no conocemos.

Todo esto parece conducir a la conclusión de que eres más popular y más productivo, políticamente hablando, cuanta más actividad tengas en estos medios, llegando al absurdo de que hay personas a las que les importa más salir en la foto que el contenido de la reunión a la que acuden..

Siento no compartir estas estrategias, prefiero el contenido al continente, prefiero el segundo plano.

Segundo plano

Se lles digo que vivimos tempos nos que as redes sociais coáronse nas nosas vidas de maneira rápida e irreversible, non lles descubro nada novo. Que renunciar á súa utilización é practicamente impensable, tampouco. Sen embrago quero poñer o foco no grao de dependencia e o nivel de exposición das vidas privadas que se adquire nestas páxinas da internet.

Empezarei por chamar a atención sobre as idades temperás nas que cada día máis novos engánchanse ás múltiples aplicacións populares na rede, que non soamente serven para comunicarse en substitución á chamada ou á mensaxe telefónica, senón tamén para contar e expoñer imaxes dos seus movementos e actividades. 

Nesta fase debería preocuparnos a toda a sociedade derívaa cada día máis frecuente cara á utilización destas ferramentas como modo e método de acoso escolar, onde soamente cando saltan á luz pública casos de suicidios en mozos que non puideron aguantar a chantaxe, as ameazas e a tremenda presión dos seus compañeiros, arrepiámonos para seguidamente seguir case con indiferenza o mal uso que se fai dos dispositivos móbiles.

Ninguén pode permanecer indiferente nin pensar que non vai con el ou coa súa contorna próxima. Pregúntense se non poderían colaborar directa ou indirectamente, regalando un teléfono móbil a un adolescente na súa primeira comuñón (este fenómeno arrasa), consentindo aos seus que na mesa durante as comidas utilícenos sen participar nos desexados diálogos de familia, ou permitindo que desde idades moi temperás teñan acceso a internet sen ningún tipo de supervisión.

Pero os adultos tampouco quedamos atrás no uso, ao meu xuízo inadecuado, que en múltiples ocasións facemos destes instrumentos de comunicación. Son multitude os que a diario desde que se levantan e ata que regresan á cama, contan con detalle e documentos gráficos todos os pasos que van dando, deixando rastros fotográficos do café que se toman, os lugares que frecuentan e as compañías dese día. E así, día tras día, incluso publicando as súas vacacións para deleite dos amigos do alleo, que saben así onde e cando está baleiro un fogar.

Deixei para o final a referencia máis delicada, a que ten que ver con estas prácticas na contorna no que me movo desde hai anos, a política. Aquí moito dos meus compañeiros discreparán claramente da miña opinión, pero non podo compartir nin participar nas rivalidades e carreiras que observo a diario por ver quen colga máis fotos nos que eles son protagonistas, máis tuits cal maquina de facer churros, máis emoticonos en todos os grupos de chats nos que che apuntas ou che apuntan, ou máis “gústame” a cantas cousas poñan os demais, os chamados “amigos”, que polo xeral son miles de persoas ás que non coñecemos.

Todo isto parece conducir á conclusión de que es máis popular e máis produtivo, politicamente falando, canta máis actividade teñas nestes medios, chegando ao absurdo de que hai persoas ás que lles importa máis saír na foto que o contido da reunión á que acoden..

Sinto non compartir estas estratexias, prefiro o contido ao continente, prefiro o segundo plano.

miércoles, 12 de julio de 2017

Amores que matan

No puedo dejar pasar la ocasión de volver a reflexionar públicamente sobre las actitudes, comportamientos y estrategias de aquellas personas que en política son capaces de utilizar cualquier argumento para dañar a sus rivales, aunque en el intento tengan que disparar contra lo que dicen respetar y querer más.

Hace unas semanas en el Congreso de los Diputados se producía una interpelación al gobierno por parte de uno de los diputados gallegos pertenecientes a En Marea relativa a la contaminación de las Rías gallegas y para ello se echaba mano de todo cuanto argumento pudiera tener impacto sonoro y mediático, fuera cierto o no, viniera a cuento o tuviera que ver poco con el tema.

Desde la tribuna el señor diputado gallego perteneciente al grupo parlamentario de Podemos nos acusaba de “privatizar el medio natural”, de “colaborar con delincuentes”, habló de “las empresas amigas” en referencia a ENCE y REGANOSA, acusó a la celulosa de Pontevedra de ser culpable de los incendios en Galicia y de los recientes en Portugal, y completó su amplio relatorio ignominioso con datos donde según su versión el grado de contaminación de nuestras rías está llevando a la ruina a las personas que viven de duros oficios como el de las mariscadoras.

Tuve que recordarle que las competencias en saneamiento y depuración de aguas son propias de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas y que el Estado solo interviene en aquellas que previamente sean declaradas por Ley “obras de interés general”, como algunas de las más importantes llevadas a cabo en los últimos años en nuestras rías gallegas, poniéndole los ejemplos de Ferrol y A Coruña, donde por cierto tuve que recordarle la nefasta gestión de esos alcaldes pertenecientes a su formación política y que una semana antes y desde la misma tribuna Pablo Iglesias ponía como ejemplo del cambio en los ayuntamientos.

Fue el alcalde de Ferrol el que tuvo más de un año parado el expediente del convenio que permitía la entrada en funcionamiento de los interceptores de A Malata en esa ría, algo que finalmente se produjo hace 3 meses y que desde entonces está produciendo resultados espectaculares en esas aguas. De haberse realizado una buena gestión esos resultados se habrían producido 12 meses antes con importantes beneficios medioambientales. Otro importante convenio duerme en su mesa, a la espera de su buena gestión, que permitiría al Estado seguir mejorando la ría que tanto les preocupa.

En Pontevedra, la evolución de los controles medioambientales en la planta de celulosa están a la vista y al olfato de todos cuantos quieran verlo y olerlo. La prueba entre otras está en que a las mariscadoras de esa zona lo que les preocupa no es esa industria sino las aguas que vierte a la ría la depuradora municipal de Pontevedra en Placeres.

Concluyendo, Galicia no precisa de este tipo de salvapatrias, que en Madrid dicen ser sus mejores valedores y para ejercer esa función pintan un panorama negro e irreal de sus rías, mientras donde gobiernan solo ponen zancadillas a sus gobiernos “enemigos” para poderles culpar de falta de inversiones. Líbrenos Dios de estos amores, amores que matan.
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